La noche en que mi esposo intentó silenciarnos en aquel desguace abandonado
Anteriormente: Atrapada en un desguace bajo la lluvia, Alba protege a su hija Emilia de los hombres que juraron protegerlas, sin saber que la traición venía de su propio hogar.
El sonido de unas botas pesadas chapoteando en el barro se detuvo a escasos pasos de donde Alba y Emilia se ocultaban. Alba cerró los ojos, abrazando con fuerza a su hija contra su pecho, esperando el inevitable momento en que una mano ruda la agarrara del hombro. En su bolsillo, la vibración persistente de su teléfono móvil se sentía como una bomba de relojería. Sabía quién llamaba. Era Hugo, el hombre que una vez prometió amarla y protegerla, y que ahora dirigía aquella cacería humana desde la comodidad de su despacho.
La red de la traición
Con movimientos extremadamente lentos, Alba sacó el dispositivo y miró la pantalla. Un mensaje brillaba en la oscuridad: "Sé que estás ahí, Alba. No compliques más las cosas. Devuelve el pendrive con los archivos de la aduana y te prometo que Emilia estará a salvo. Si no lo haces, los agentes tienen vía libre para actuar". El chantaje era descarado. El pendrive al que se refería contenía las pruebas definitivas de que la empresa de logística de Hugo era la tapadera de una red internacional de contrabando y trata de personas en el puerto de Valencia.

De repente, el haz de luz de una de las linternas se detuvo directamente sobre el parachoques del coche plateado. Alba vio la sombra del policía proyectarse sobre la chapa oxidada. El agente dio un paso al frente, levantando su arma reglamentaria.
—Sé que estás aquí, Alba. No empeores las cosas para tu hija. Sal con las manos en alto —gritó el oficial, su tono implacable resonando en el desguace.
Emilia dejó escapar un gemido ahogado de pánico absoluto. Alba sabía que no podían quedarse allí. Si se entregaba, Hugo se aseguraría de que ambas sufrieran un trágico "accidente" para asegurar su silencio. Miró a su alrededor, buscando desesperadamente una salida entre las murallas de metal retorcido, dándose cuenta de que la única opción era adentrarse más en el laberinto del desguace, arriesgándolo todo en una carrera desesperada por sus vidas.
”Miró a su alrededor, buscando desesperadamente una salida entre las murallas de metal retorcido, dándose cuenta de que la única opción er…