Traición · Ficción breve

La presa que desafió a la líder del patio descubrió una traición familiar imperdonable

La presa que desafió a la líder del patio descubrió una traición familiar imperdonable — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Sara ingresó en prisión, pensó que su mayor peligro sería la brutal líder del patio, pero la verdadera amenaza venía de fuera y llevaba la firma de su propia hermana.

La verdad tras los muros

Celia arrastró a Sara por los pasillos subterráneos de la prisión, lejos del alcance de las miradas curiosas y de las cámaras de seguridad que vigilaban los pasillos principales. Sara esperaba acabar en una celda de aislamiento, pero la guardia la empujó al interior de un pequeño almacén de suministros y cerró la puerta con llave. La brutalidad que Celia había mostrado en el patio se desvaneció al instante, reemplazada por una expresión de urgencia y temor.

—Tienes que escucharme con atención, Sara —susurró Celia, liberándola de las esposas—. No tenemos mucho tiempo antes de que sospechen.

Sara se frotó las muñecas doloridas, desconfiada de la repentina amabilidad de la funcionaria. Sin embargo, todo cambió cuando Celia extrajo un sobre arrugado de su chaleco táctico y lo colocó sobre una mesa metálica. Al abrirlo, el mundo de Sara terminó de desmoronarse. El sobre contenía extractos bancarios y correos electrónicos impresos que detallaban un plan maestro.

La presa que desafió a la líder del patio descubrió una traición familiar imperdonable

No había sido un error judicial. Su propia hermana menor, Lucía, la persona en la que más confiaba, la había incriminado sistemáticamente en el desfalco de la empresa familiar. Lucía no solo se había quedado con sus propiedades, sino que estaba utilizando la condena de Sara para solicitar la patria potestad exclusiva de Sofía, la hija de cinco años de Sara.

—Ella pagó a la gente de Begoña para que te silenciaran aquí dentro —reveló Celia con gravedad—. Si mueres o quedas gravemente herida, el proceso de adopción de tu hija se acelerará sin oposición.

Un frío glacial recorrió la espalda de Sara. La traición de su propia sangre era un puñal más afilado que cualquier arma carcelaria. La rabia sustituyó al miedo. Justo cuando Sara iba a suplicarle ayuda a Celia para sacar los documentos, unos golpes secos y autoritarios retumbaron en la puerta de madera. Era la voz del director de la cárcel, exigiendo explicaciones inmediatas.

Era la voz del director de la cárcel, exigiendo explicaciones inmediatas.