Venganza · Historia

La prisionera que derrotó a la líder de la cárcel ocultaba un secreto

La prisionera que derrotó a la líder de la cárcel ocultaba un secreto — Parte 2
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Anteriormente: Celia pensaba cumplir su condena en silencio, pero cuando la líder del patio la desafió violentamente, se vio obligada a revelar una fuerza oculta y un plan de venganza inesperado.

Una visita inesperada en la sombra

La aparente victoria en el patio no trajo paz a Celia, sino una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Esa misma noche, cuando el silencio sepulcral de la prisión solo era interrumpido por el goteo de las cañerías, la puerta de su celda se abrió de golpe. Dos guardias de rostro inexpresivo la escoltaron sin mediar palabra por los pasillos subterráneos del penal, esquivando las cámaras de seguridad habituales. La llevaron hasta una pequeña oficina administrativa en desuso, iluminada apenas por un fluorescente parpadeante.

Sentado detrás del escritorio de metal no estaba el director del centro, sino un hombre impecablemente vestido con un traje de sastre gris que desentonaba por completo con la sordidez del lugar. Era don Alberto, el abogado de confianza de su exesposo, Manuel, el hombre que la había traicionado y encarcelado falsificando pruebas de un fraude que él mismo había cometido.

La prisionera que derrotó a la líder de la cárcel ocultaba un secreto

Celia, siempre tan predecible y tan testaruda. Tu numerito de hoy en el patio casi arruina nuestros planes

El abogado deslizó un fajo de documentos legales y un bolígrafo sobre la mesa. Con una sonrisa gélida, reveló la verdad detrás de la agresión de la tarde. Helga no había actuado por orgullo; había sido contratada desde el exterior por el propio Manuel para silenciarla permanentemente. Resultaba que la fiscalía anticorrupción estaba reabriendo el caso y las nuevas investigaciones apuntaban directamente al exesposo. Si Celia decidía testificar en la apelación, Manuel perdería su imperio y su libertad.

El trato era simple y brutal. Si Celia firmaba una confesión irrevocable asumiendo toda la culpa, recibiría un millón de euros en una cuenta suiza y un billete de salida al cumplir una condena reducida. Si se negaba, Helga terminaría el trabajo en el patio al día siguiente, y esta vez, los guardias de turno mirarían hacia otro lado. Sosteniendo el bolígrafo con dedos temblorosos, Celia se enfrentó al dilema más difícil de su vida.

Sosteniendo el bolígrafo con dedos temblorosos, Celia se enfrentó al dilema más difícil de su vida.