Venganza · Historia

La prisionera que desafió a la líder del patio para salvar su vida

La prisionera que desafió a la líder del patio para salvar su vida — Parte 2
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Anteriormente: Estela pensó que la cárcel sería su tumba cuando la temible Beatriz la acorraló, pero un secreto del pasado cambió las reglas del juego en el patio.

La emboscada en la celda 402

La victoria en el patio fue dulce, pero en un entorno tan hostil como la prisión, la humillación de un líder siempre se paga con sangre. Esa misma noche, el silencio del pabellón se rompió con el sigiloso abrir de una cerradura. Estela se incorporó en su litera justo a tiempo para ver cómo tres figuras se deslizaban en la penumbra de su celda. Al frente estaba Beatriz, con el rostro hinchado por la paliza de la tarde y una mirada cargada de un odio homicida. En su mano derecha brillaba la punta afilada de un destornillador modificado.

Las dos cómplices de Beatriz empujaron a Estela contra la fría pared de hormigón, bloqueando cualquier intento de escape o de grito de auxilio. La punta del arma improvisada se posó directamente sobre la yugular de Estela, ejerciendo una presión gélida que amenazaba con acabar con su vida en cualquier segundo.

La prisionera que desafió a la líder del patio para salvar su vida
Pensaste que ganar una pelea te salvaría la vida aquí dentro, Estela. De esta celda no sales viva para contarle nada al director.

El miedo era real, pero la mente de Estela funcionaba a mil revoluciones por minuto. Sabía que la fuerza física no la salvaría esta vez; necesitaba usar la verdad como su escudo más letal. A pesar de sentir el metal rozando su piel, Estela sonrió levemente, clavando sus ojos en los de su agresora.

Si me matas esta noche, Beatriz, tu hijo Lucas nunca recibirá el dinero del fideicomiso fuera de aquí. Tu hermana te traicionó y me usó a mí para esconderlo, pero yo soy la única que sabe la clave de la cuenta en Suiza. Si yo muero, tu familia se quedará en la calle y a merced de los acreedores mañana mismo.

La revelación cayó como una bomba en la celda. La mano de Beatriz comenzó a temblar, y la duda reemplazó instantáneamente la sed de sangre en sus ojos.

La mano de Beatriz comenzó a temblar, y la duda reemplazó instantáneamente la sed de sangre en sus ojos.