La prisionera que perdonó a su peor enemiga tras una brutal pelea
Anteriormente: Elena no buscaba problemas en el patio de la prisión, pero cuando Sara la arrinconó, tuvo que defenderse con todas sus fuerzas para sobrevivir a una traición inesperada.
La traición en las sombras
El gesto de clemencia de Elena sembró la discordia en los pasillos de la prisión. Perdonar la vida y el orgullo de la líder del patio no era algo que las reglas no escritas del penal permitieran con facilidad. Mientras que algunas reclusas empezaron a mirar a Elena con un respeto renovado, las aliadas más radicales de Sara lo vieron como una debilidad imperdonable que debía ser corregida esa misma noche.
Las luces del pabellón se apagaron a las diez, sumiendo las celdas en una penumbra inquietante. Elena permanecía despierta, con los ojos fijos en el techo, presintiendo que la tregua del patio era solo el preludio de una tormenta mayor. Sus sospechas se confirmaron cuando una silueta oscura se deslizó sigilosamente a través de los barrotes mal cerrados de su celda, empuñando un objeto punzante hecho de metal fundido.

Antes de que el atacante pudiera descargar el golpe sobre el pecho de Elena, otra figura surgió de la oscuridad de la celda de al lado. Se produjo un forcejeo violento y silencioso, interrumpido únicamente por el roce de los cuerpos contra la pared y un gemido ahogado de dolor. Cuando Elena logró encender la pequeña linterna de contrabando, la escena la dejó sin aliento: Sara estaba arrodillada en el suelo, presionando una herida sangrante en su costado, mientras la atacante huía por el pasillo.
—¿Por qué me has salvado? —susurró Elena, arrodillándose a su lado con desesperación.
—Porque tú me diste una salida digna hoy —respondió Sara con dificultad, con el rostro pálido por la pérdida de sangre—. Pero esto es más grande que nosotras. El director de la prisión ordenó tu eliminación. Saben que tienes las pruebas de la red de corrupción de tu hermana.
En ese instante, las alarmas de emergencia comenzaron a sonar con un estruendo ensordecedor. Las luces rojas inundaron el pasillo y el sonido de los guardias corriendo hacia su sección se hizo inminente. Sara le entregó una pequeña llave de metal a Elena.
—Vete ya. Si te encuentran conmigo, te culparán de mi muerte —rogó Sara.
”Si te encuentran conmigo, te culparán de mi muerte —rogó Sara.