Segundas oportunidades · Historia

La promesa de una reclusa para proteger a la madre de su peor enemigo

La promesa de una reclusa para proteger a la madre de su peor enemigo — Parte 1
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Un patio sin piedad

El sol andaluz caía a plomo sobre el hormigón agrietado del patio de la prisión. Era esa hora del día en la que el calor sofocante parecía adormecer los sentidos, pero en un lugar como este, bajar la guardia un solo segundo podía ser fatal. Sara, una joven de mirada decidida y brazos cubiertos de tatuajes que contaban la historia de una juventud difícil, caminaba manteniendo la distancia reglamentaria. A su lado marchaba Margarita, una mujer de avanzada edad cuyos ojos cansados reflejaban una profunda tristeza, ajena a la violencia que respiraba aquel penal.

De repente, el ambiente se tensó. Un balón de fútbol cruzó el patio a gran velocidad, golpeando con precisión los tobillos de Margarita. La anciana perdió el equilibrio y cayó pesadamente sobre el suelo abrasador. El sonido del impacto fue seco y doloroso. De inmediato, Sara se arrodilló a su lado para ayudarla a incorporarse, ignorando las advertencias silenciosas de las demás reclusas que retrocedían asustadas.

La promesa de una reclusa para proteger a la madre de su peor enemigo
—La pelota ha dado justo donde debía, ¿verdad? —siseó una voz cargada de veneno a sus espaldas.

Era Begoña, la líder indiscutible de las reclusas más peligrosas, flanqueada por Carla, una mujer corpulenta que actuaba como su brazo ejecutor. Begoña dio un paso al frente con una sonrisa cruel y, sin mediar más palabra, se abalanzó sobre Sara al grito de: «Se acabó para ti».

La reacción de Sara fue instintiva. Esquivó el puñetazo de Begoña con un movimiento rápido y, cuando Carla intentó embestirla con todo su peso, Sara la neutralizó con un preciso rodillazo en el estómago seguido de un golpe de revés directo al mentón. Carla se desplomó sobre el polvo del patio ante la mirada atónita de los presentes. Con una calma asombrosa, Sara volvió a centrar su atención en Margarita, ayudándola a ponerse de pie bajo la mirada furiosa de Begoña.

Con una calma asombrosa, Sara volvió a centrar su atención en Margarita, ayudándola a ponerse de pie bajo la mirada furiosa de Begoña.