La promesa de una reclusa para proteger a la madre de su peor enemigo
Anteriormente: En el patio de una prisión implacable, una joven tatuada arriesga su vida para salvar a una anciana indefensa, desatando una guerra de secretos que cambiará su destino para siempre.
La hora de la verdad en la celda
La victoria en el patio había sido rápida, pero Sara sabía perfectamente que en la cárcel las deudas de sangre se cobraban de noche. El silencio de la medianoche se vio interrumpido por el chirrido metálico de la puerta de su celda. Un guardia corrupto, con la mirada perdida y la mano en el bolsillo, se retiró rápidamente dejando pasar a Begoña y a tres de sus secuaces. En la penumbra, el brillo de una cuchilla casera en manos de Begoña amenazaba con poner fin a la resistencia de Sara.
Sara se levantó de la litera despacio, midiendo cada uno de sus movimientos, sabiendo que las probabilidades estaban en su contra. Sin embargo, antes de que Begoña pudiera dar un paso hacia ella, una figura familiar apareció en la puerta abierta de la celda. Era Margarita, pero ya no mostraba rastro de la fragilidad de la tarde.

—Si te atreves a tocarla, estos papeles estarán mañana en manos de la fiscalía general —declaró Margarita con una firmeza que heló la sangre de las atacantes.
Margarita sostenía un fajo de documentos oficiales que detallaban con precisión milimétrica la red de contrabando, sobornos y abusos que Begoña y varios funcionarios de la prisión habían operado durante años. La revelación cayó como un jarro de agua fría sobre Begoña, quien bajó lentamente el arma improvisada al darse cuenta de que su imperio de terror pendía de un hilo.
Sara observaba la escena atónita, dándose cuenta de que la anciana indefensa a la que había decidido proteger guardaba un secreto mucho más grande y peligroso de lo que jamás habría podido imaginar.
”La revelación cayó como un jarro de agua fría sobre Begoña, quien bajó lentamente el arma improvisada al darse cuenta de que su imperio d…