Segundas oportunidades · Ficción breve

La promesa oculta tras las rejas que cambió el destino de dos reclusas

La promesa oculta tras las rejas que cambió el destino de dos reclusas — Parte 2
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Anteriormente: En el patio de una prisión española, Sara decide plantar cara a la mujer más temida para proteger a una joven indefensa, desatando una cadena de secretos del pasado.

El peligro de los secretos compartidos

La oportuna intervención de los guardias dispersó el tumulto antes de que los puños comenzaran a volar, pero el desafío ya estaba lanzado. En la penumbra de las duchas, mientras Sara limpiaba con delicadeza las raspaduras sangrientas en los codos de Claudia, la joven comenzó a sollozar, superada por el pánico.

—No debiste meterte, Sara —susurró Claudia con voz quebrada—. Begoña no actúa por capricho. Ella controla este lugar por orden de alguien de fuera.

Sara frunció el ceño, aplicando una gasa con cuidado. Al presionar a la joven, esta terminó por confesar una verdad que le heló la sangre. El padre de Claudia era el juez encargado de instruir el caso contra Julián Vargas, el poderoso empresario que, mediante pruebas falsas, había incriminado a Sara años atrás para silenciarla. Begoña era el brazo ejecutor de Vargas dentro de la prisión, encargada de presionar y, si fuera necesario, eliminar a Claudia para chantajear al juez.

La promesa oculta tras las rejas que cambió el destino de dos reclusas

La revelación encendió una chispa de esperanza y terror en el pecho de Sara. El destino las había unido en el mismo infierno bajo el yugo del mismo enemigo. Sin embargo, no tenían tiempo para trazar un plan. Esa misma noche, durante el recuento, el oficial Martínez, un guardia corrupto aliado de Begoña, le dedicó a Sara una mirada cargada de hostilidad.

Al día siguiente, la trampa se cerró. Mientras buscaba suministros en el almacén de costura, Sara escuchó el pesado portazo metálico a sus espaldas. La luz se apagó por completo, sumiendo el espacio en una oscuridad sepulcral. De las sombras emergió la silueta de Begoña, flanqueada por dos de sus secuaces armadas con barras de metal.

—Te advertí que no te interpusieras —siseó Begoña—. De aquí no sales viva.

De las sombras emergió la silueta de Begoña, flanqueada por dos de sus secuaces armadas con barras de metal.—Te advertí que no te interpu…