La protectora de la prisión que arriesgó su libertad por salvar a una inocente
Anteriormente: Sara no dudó en interponerse entre la temible Begoña y la frágil Claudia en el patio de la cárcel. Lo que comenzó como una agresión reveló un secreto del pasado que lo cambiaría todo.
El eco de una traición pasada
Aquella misma noche, el comedor de la prisión bullía con el ruido de las bandejas metálicas y los gritos de las reclusas, pero en la mesa de Sara el ambiente era sombrío. Claudia se sentó a su lado con discreción, con las manos aún vendadas debido a las heridas de la tarde. Con lágrimas en los ojos, la joven agradeció a Sara por haber intervenido en el patio, un gesto que nadie más se había atrevido a tener en meses.
Sin embargo, la conversación tomó un rumbo inesperado cuando Claudia comenzó a hablar de su familia y del motivo de su encarcelamiento. Mencionó que estaba allí por culpa de los negocios turbios de su hermano mayor, Javier. Al escuchar ese nombre, el corazón de Sara dio un vuelco violento. Javier era el hombre por el cual ella estaba cumpliendo condena; el mismo que la había enamorado, utilizado como testaferro y luego abandonado a su suerte antes de huir con una fortuna.

La revelación se volvió aún más oscura cuando Claudia confesó, temblando, que Begoña no la había atacado por un simple capricho. Begoña estaba aliada con una banda exterior que buscaba vengarse de Javier por una antigua deuda de juego y drogas. Planeaban utilizar a Claudia como moneda de cambio y advertencia.
—Escuché a Begoña hablar con una de sus aliadas —susurró Claudia, aterrorizada—. Mañana por la mañana, en las duchas, van a asegurarse de que mi hermano reciba el mensaje. No sé qué hacer, Sara. Tengo mucho miedo.
Sara se quedó en silencio, sintiendo el peso de un dilema moral devastador. La hermana del hombre que había arruinado su vida estaba en sus manos. Podía dejar que el destino cobrara la venganza que ella misma tanto había deseado, o podía arriesgar su propia libertad condicional para salvar a una joven inocente que no tenía la culpa de los pecados de su hermano.
”Podía dejar que el destino cobrara la venganza que ella misma tanto había deseado, o podía arriesgar su propia libertad condicional para…