La reclusa que arriesgó su vida para salvar a una inocente en el patio
Anteriormente: En un patio de prisión hostil, Sara toma una decisión desesperada para salvar a Lidia de una agresión brutal, desatando una red de secretos y traiciones que cambiará sus vidas para siempre.
La conspiración tras los muros
El silencio que siguió a la pelea en el patio fue sepulcral. Ninguna de las presas se atrevió a deponer palabra mientras las sirenas de alarma comenzaban a sonar, rompiendo la tensa calma de la tarde. Las funcionarias de prisiones corrieron hacia ellas con las defensas en alto, pero el daño ya estaba hecho. Sara y Lidia fueron escoltadas de inmediato a la zona de aislamiento, separadas del resto de la población reclusa por medidas de seguridad preventiva.
Fue en la penumbra de la celda de tránsito donde Lidia, aún temblando por el frío y el pánico, decidió confesarle a Sara la verdad detrás del ataque. No se trataba de una simple novatada o de una disputa territorial. Lidia poseía documentos que demostraban una red de corrupción masiva liderada por el propio alcaide del centro penitenciario, quien desviaba fondos destinados a la reinserción social hacia cuentas privadas en el extranjero. Ella había sido incriminada de un delito fiscal para desacreditar su testimonio y encerrarla donde nadie pudiera escucharla.

—Begoña trabaja para él —susurró Lidia con la voz rota—. Me quieren muerta antes del juicio del próximo mes, y ahora tú también estás en su lista negra por haberme salvado.
Sara comprendió de inmediato la gravedad de la situación. No estaban lidiando con mafias de patio, sino con un sistema corrupto que controlaba cada cerradura y cada cámara del edificio. La confirmación de sus temores llegó esa misma noche, cuando el reloj de la galería marcaba las diez y media.
Un chasquido metálico resonó en la celda de Sara. La puerta corredera se abrió lentamente, revelando la silueta de la jefa de servicio, la oficial de máxima confianza del alcaide, escoltada por dos internas corpulentas armadas con jeringuillas. Con una sonrisa fría, la oficial sentenció:
—Traslado de urgencia por brote psicótico violento. Cooperar será lo mejor para ti.
”Con una sonrisa fría, la oficial sentenció:—Traslado de urgencia por brote psicótico violento. Cooperar será lo mejor para ti.