La reclusa que arriesgó su libertad para salvar a una anciana indefensa
Anteriormente: Sandra no dudó en enfrentarse a la presa más peligrosa de la cárcel para salvar a Clara. Lo que no sabía era que ese acto de valentía desenterraría un secreto del pasado.
El secreto detrás de los muros
El castigo por alterar el orden en el penal no se hizo esperar. Sandra pasó tres largos días en una celda de aislamiento, donde el frío y la oscuridad eran sus únicas compañeras. Sin embargo, no se arrepentía de haber intervenido. Cuando finalmente la devolvieron al módulo común, Clara la esperaba en un rincón apartado del patio, con los ojos empañados en lágrimas de sincero agradecimiento.
Lo que Sandra no esperaba era la revelación que la anciana estaba a punto de hacerle. Sentadas bajo la pálida luz del sol de la tarde, Clara confesó que el ataque en la cocina no había sido un arrebato fortuito de crueldad. Alguien de fuera del penal estaba pagando una cuantiosa suma a Carla para silenciarla de forma permanente.

—Ese hombre no quiere que testifique en el juicio de apelación —susurró Clara, con la voz quebrada por el pánico—. Se llama Mauricio Silva. Es un empresario muy poderoso que destruye a cualquiera que se cruce en su camino.
Al escuchar ese nombre, el corazón de Sandra dio un vuelco violento. Mauricio Silva era el mismo hombre que, tres años atrás, la había utilizado como chivo expiatorio en un monumental fraude financiero, enviándola directamente a prisión para salvar su propio imperio. La ironía del destino era macabra: la mujer a la que había salvado poseía las pruebas necesarias para hundir al hombre que había arruinado su propia vida.
La tregua duró poco. Esa misma noche, la conspiración de Silva demostró el alcance de sus tentáculos dentro de la propia prisión. A medianoche, las luces del pabellón se apagaron repentinamente y el sonido mecánico de las cerraduras electrónicas resonó en el pasillo. La puerta de la celda de Sandra se abrió lentamente, revelando que alguien con autoridad había facilitado el acceso a sus enemigas. Dos sombras armadas con improvisados estiletes carcelarios se adentraron en la penumbra, decididas a terminar el trabajo que había quedado inconcluso en la cocina.
”Dos sombras armadas con improvisados estiletes carcelarios se adentraron en la penumbra, decididas a terminar el trabajo que había quedad…