La reclusa que demostró su inocencia tras sobrevivir a la trampa de la prisión
Anteriormente: Natalia pensó que el patio de la cárcel era su mayor peligro, hasta que un brutal enfrentamiento reveló que la verdadera amenaza acechaba fuera de los muros.
La revelación nocturna
La victoria en el patio no trajo paz a Natalia; al contrario, encendió una mecha que amenazaba con destruir lo poco que le quedaba. Esa misma noche, mientras el pabellón dormía bajo una tensa calma, el eco de unos pasos sigilosos alertó a Natalia. Para su sorpresa, la silueta que se detuvo ante los barrotes de su celda era la de Beatriz, desprovista de la arrogancia de la tarde y con el rostro pálido por el miedo.
No he venido a pelear, Natalia. Tienes que escucharme si quieres que tu hija siga con vida.
Las palabras de Beatriz cayeron como un jarro de agua fría. Con voz temblorosa, la antigua líder del patio confesó que ambas eran peones en un tablero controlado por un hombre sumamente poderoso en el exterior: el exjefe de contabilidad de la empresa de Natalia. Él había orquestado el fraude para incriminarla y, ahora que Natalia amenazaba con apelar, pretendía silenciarla definitivamente usando a su hija Sofía como moneda de cambio.

Beatriz deslizó un papel arrugado por la rendija de la celda. Era una fotografía de la pequeña Sofía saliendo de la escuela, ajena al peligro que la acechaba desde un coche negro estacionado al fondo. El pánico se apoderó de Natalia, sintiéndose atrapada en una jaula de acero mientras su mayor tesoro corría un peligro de muerte inminente.
Antes de que pudiera reaccionar, los pasos pesados de un guardia dispersaron a Beatriz en la oscuridad. Sin embargo, el oficial no venía a reprenderla. Se detuvo ante la celda de Natalia, sacó una llave maestra de su bolsillo y abrió el cerrojo con un chasquido metálico que pareció retumbar en todo el pasillo.
Tienes diez minutos antes de que se active el protocolo de fuga. Si quieres salvar a tu hija, sal de aquí ahora mismo.
”Si quieres salvar a tu hija, sal de aquí ahora mismo.