La reclusa que desafió a la líder del penal para salvar a una inocente
Anteriormente: Sara no buscaba problemas en el patio de Cruz del Sur, pero cuando vio a Carla acorralar a una joven indefensa, supo que el silencio ya no era una opción.
La venganza nocturna
La victoria en el patio fue efímera. En Cruz del Sur, el respeto se gana con sangre, pero la venganza se cocina en las sombras. Esa misma noche, tras el recuento oficial, las luces del pabellón se apagaron, sumiendo los pasillos en una oscuridad densa y asfixiante. Sara permanecía despierta en su litera, con la mirada fija en el techo de hormigón. Sabía de sobra que Carla no aceptaría la humillación pública sin responder.
Hacia la medianoche, un sutil clic metálico rompió el silencio del pasillo. No era el sonido de la ronda de los guardias. Alguien había sobornado al funcionario de turno para abrir los cerrojos. Tres siluetas oscuras se colaron sigilosamente en la celda de Sara. Antes de que pudiera incorporarse, una mano áspera le tapó la boca mientras otra la inmovilizaba contra el colchón.

El brillo frío de una faca carcelaria apareció ante sus ojos. Era la lugarteniente de Carla, enviada para cobrarse la afrenta del patio.
—La jefa manda saludos —susurró la atacante, presionando el filo contra el cuello tatuado de Sara—. Nadie humilla a Carla y vive para contarlo.
Sara luchó con desesperación, pero la desventaja numérica la asfixiaba. Justo cuando el acero comenzaba a rasgar su piel, un estrépito metálico resonó en la entrada de la celda. Alguien acababa de golpear los barrotes con una barra de hierro, alertando a todo el módulo. Las atacantes se paralizaron, temiendo ser descubiertas por la dirección del centro. En ese instante de distracción, Sara propinó un cabezazo a quien la sujetaba y logró zafarse, rodando por el suelo mientras la celda se convertía en un caos de golpes a ciegas.
”En ese instante de distracción, Sara propinó un cabezazo a quien la sujetaba y logró zafarse, rodando por el suelo mientras la celda se c…