La reclusa que desafió a las mafias de la prisión para salvar su vida
Anteriormente: Clara entró en prisión por un crimen que no cometió, pero para sobrevivir al infierno de la cárcel tuvo que convertirse en alguien capaz de todo, desafiando a las líderes del patio.
La victoria de Clara sobre Marta corrió como la pólvora por los pasillos de la prisión. Aunque algunas reclusas la miraban ahora con un respeto silencioso, Clara sabía que había desafiado un orden establecido muy peligroso. En un lugar donde el poder se mantiene a base de infundir temor, una humillación pública como la que había sufrido Marta no quedaría sin respuesta. El peligro ya no solo acechaba en los rincones oscuros del patio, sino en cada cambio de turno de la guardia.
Una trampa en las sombras
Dos días después del altercado, mientras Clara regresaba de los talleres, la inspectora Torres, una funcionaria conocida por su frialdad, la desvió del camino habitual. Bajo el pretexto de una tarea de limpieza urgente, la condujo hacia las duchas antiguas del subsuelo, un área clausurada y sin cámaras de seguridad. Clara sintió una opresión en el pecho al entrar, pero antes de que pudiera cuestionar la orden, la pesada puerta de metal se cerró a sus espaldas con un cerrojo definitivo.

Al girarse, la realidad la golpeó con la fuerza de un jarro de agua fría. En medio de la estancia húmeda aguardaba Marta, con una venda en el abdomen y un objeto metálico afilado en la mano. A su lado, apoyado contra la pared con total indiferencia, se encontraba el subdirector del penal, don Emilio. Clara comprendió de inmediato la magnitud de la traición: la red de extorsión de Marta no era un secreto para la dirección, sino un negocio compartido.
«¿Pensabas que podías cambiar las reglas aquí dentro, Clara?», preguntó don Emilio con una sonrisa gélida. «En esta prisión, el orden lo decidimos nosotros».
Marta comenzó a avanzar despacio, haciendo tintinear el arma improvisada contra las tuberías oxidadas. Clara retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared fría de azulejos. Sin salida, sin testigos y con la complicidad de las autoridades del penal, se dio cuenta de que su supervivencia dependía enteramente de su ingenio y de un milagro que parecía imposible.
”Sin salida, sin testigos y con la complicidad de las autoridades del penal, se dio cuenta de que su supervivencia dependía enteramente de…