La reclusa que sufrió el peor abuso en prisión encontró una salvación inesperada
El infierno bajo el sol de cemento
El sol de agosto caía implacable sobre el patio de cemento del centro penitenciario, un espacio cerrado por altas vallas de alambre de espino que parecían cortar el cielo en pedazos. El aire estaba cargado de un calor asfixiante y del deprimente olor a humedad y desesperación. Salomé, una reclusa española de cabello rubio sucio y rostro cansado, avanzaba lentamente vistiendo el tosco uniforme deportivo gris reglamentario. En sus brazos cargaba una enorme pila de toallas limpias destinadas a la lavandería del módulo, una tarea monótona que realizaba mecánicamente para mantener su mente alejada de la injusticia de su condena.
A pocos metros, la imponente figura de Isabel, una interna de complexión robusta y cabello castaño áspero, la observaba con una fijeza depredadora. Isabel controlaba el patio con puño de hierro y no toleraba la presencia de caras nuevas que no se doblegaran ante su autoridad. A su lado, Cleo, su fiel cómplice de pelo corto y mirada burlona, sonreía anticipando la humillación. Cuando Salomé pasó junto a ellas, Isabel estiró la pierna con una rapidez maliciosa. El tropiezo fue inevitable. Salomé voló por los aires, impactando con violencia contra el suelo rugoso. Las toallas se esparcieron por el polvo mientras un grito de dolor contenido escapaba de sus labios, revelando la piel desgarrada de sus rodillas.

Isabel y Cleo estallaron en carcajadas hirientes, disfrutando de la debilidad ajena ante la mirada indiferente de las demás presas. Sin embargo, la diversión duró poco. De repente, Cleo detuvo su risa en seco, adoptando una expresión de pánico absoluto.
¡Ya basta!exclamó con un hilo de voz, dando un paso atrás. Detrás de ellas había aparecido Miranda, una reclusa atlética de larga coleta negra que infundía respeto en todo el penal. Sin mediar palabra, Miranda se abalanzó sobre Isabel, propinándole una ráfaga de puñetazos precisos antes de placarla contra el suelo de cemento, dejándola completamente fuera de combate justo cuando los guardias irrumpían en el patio.
”Sin mediar palabra, Miranda se abalanzó sobre Isabel, propinándole una ráfaga de puñetazos precisos antes de placarla contra el suelo de…