Venganza · Historia

La soldado que regresó de las sombras para destruir al general corrupto

La soldado que regresó de las sombras para destruir al general corrupto — Parte 2
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Anteriormente: Una joven recluta desafía al oficial más poderoso de la base militar con un disparo perfecto y una vieja placa de plata que desentierra un oscuro secreto del pasado.

La trampa en el despacho del general

El silencio que siguió al desafío de Sara fue ensordecedor. Bajo las órdenes directas de un pálido general Maier, dos guardias de la policía militar escoltaron a la joven de inmediato, esquivando las miradas de curiosidad del resto del pelotón. Lejos de ser llevada a las celdas de castigo, Sara fue conducida a la oficina privada del general, un espacio solemne decorado con maderas nobles y retratos de antiguos comandantes.

Cuando la pesada puerta de roble se cerró tras ella, Maier ya no mostraba la sorpresa de la torre de control. En su lugar, una sonrisa gélida y calculadora dibujaba su rostro. Detrás de una cortina de terciopelo, el sonido del cerrojo de un arma de fuego reveló la presencia de un tirador emboscado. Los guardias que la acompañaban dieron un paso al frente, apuntando sus armas reglamentarias directamente al pecho de Sara.

La soldado que regresó de las sombras para destruir al general corrupto
—Tu padre no fue un traidor, Sara —dijo Maier con una voz pausada que helaba la sangre—. Él descubrió algo mucho peor sobre el contrabando de armas que financia nuestras operaciones encubiertas. Y tú, por estúpido orgullo, acabas de meterte en la misma boca del lobo.

Con un movimiento lento, el general extrajo un documento clasificado con el sello oficial del Ministerio de Defensa y, utilizando un encendedor de oro, le prendió fuego. Las cenizas de la única prueba que demostraba la inocencia del padre de Sara comenzaron a caer sobre la alfombra.

—Tienes diez segundos para decidir —amenazó el general, extendiendo un papel en blanco—. O firmas esta confesión asumiendo cargos de espionaje, o este despacho será el escenario de un trágico accidente de entrenamiento. El linaje de tu padre terminará hoy aquí.

Sara miró las llamas consumir el papel. Su pulso se aceleró, pero en sus ojos no había miedo, sino una fría determinación que el general Maier no supo interpretar a tiempo.

Su pulso se aceleró, pero en sus ojos no había miedo, sino una fría determinación que el general Maier no supo interpretar a tiempo.