La traición de mi esposo durante el nacimiento de nuestros trillizos
Anteriormente: Clara esperaba el día más feliz de su vida al dar a luz a sus trillizos, pero la llegada de su esposo con otra mujer convirtió el quirófano en un absoluto campo de batalla.
La verdadera cara de la codicia
Temblando de frío y de rabia, Mateo se levantó del suelo húmedo, con su elegante traje de lino completamente arruinado y goteando agua. Vanessa, a su lado, chillaba con desesperación mientras intentaba quitarse los uniformes mojados de la cara, con el maquillaje rojo y negro corrido por las mejillas. El Doctor Adrián se interpuso de inmediato entre ellos y mi camilla, usándose a sí mismo como un escudo humano para protegerme a mí y a mis trillizos. Su respiración era agitada, pero sus ojos transmitían una calma de acero que me devolvió el aliento.
Mateo, ciego de orgullo, sacó su teléfono y comenzó a gritarle a su abogado personal.
«¡Quiero a la policía aquí ahora mismo! Este maldito carnicero me ha agredido y esta mujer está secuestrando a mis herederos»,bramó, señalándome con un dedo tembloroso. Fue entonces cuando la verdad detrás de su repentina aparición salió a la luz. El abuelo de Mateo, un multimillonario terrateniente, había estipulado en su testamento que la totalidad de la herencia familiar iría destinada únicamente al primer nieto varón que naciera dentro del matrimonio. Al enterarse de que yo esperaba trillizos, Mateo y Vanessa habían planeado arrebatarme a los bebés para asegurar la fortuna y luego abandonarme en la miseria.

A los pocos minutos, el pasillo exterior se llenó de pasos apresurados. Varios oficiales de policía y un hombre de traje oscuro y expresión severa entraron a la sala de partos. Mateo sonrió con malicia, creyendo que su poder e influencia serían suficientes para destruirnos. Sin embargo, cuando el abogado de Mateo cruzó la puerta y vio al Doctor Adrián de pie junto a mi camilla, su rostro se tornó de un color gris ceniza. El abogado detuvo en seco a los oficiales, mirando al médico con un respeto que rayaba en el temor absoluto. La marea estaba a punto de cambiar de una manera que Mateo jamás habría podido predecir.
”La marea estaba a punto de cambiar de una manera que Mateo jamás habría podido predecir.