La traición en alta mar que reveló el oscuro secreto de mi millonario padrastro
Anteriormente: Lorena regresó de su misión militar con graves secuelas, esperando el apoyo de su millonario padrastro. Sin embargo, en la cubierta de un lujoso yate, un violento altercado sacó a la luz una terrible traición familiar.
Enrique se incorporó lentamente, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios. Sus ojos inyectados en sangre alternaban entre Lorena y el oficial Romero. Lejos de amedrentarse, el millonario soltó una carcajada ronca y cargada de desprecio, mientras se apoyaba contra la barandilla de acero inoxidable del yate.
El peso del poder absoluto
—¿De verdad crees que un simple policía de tres al cuarto puede detenerme en mi propia embarcación? —escupió Enrique, señalando a Romero con un dedo tembloroso—. Romero, estás acabado. Una sola llamada mía al comisario provincial y estarás patrullando el rincón más olvidado del país antes de que caiga el sol. Y tú, Lorena, volverás al hospital psiquiátrico del que nunca debiste salir.

El oficial Romero no retrocedió, aunque sabía que las influencias de Enrique en las altas esferas políticas y judiciales de la región eran reales. Mantuvo su mano cerca de la funda de su arma reglamentaria, asegurando la posición defensiva delante de la silla de ruedas de Lorena. La tensión en la cubierta era insoportable; el yate se encontraba en aguas internacionales, donde la jurisdicción ordinaria se volvía un terreno pantanoso.
—No me das miedo, Enrique —respondió Lorena con voz firme, a pesar del dolor físico—. Se acabó el tiempo de tus mentiras. Sé lo que le hiciste a las cuentas de mi madre mientras yo estaba en el frente.
Enrique sacó su teléfono móvil de alta gama, dispuesto a ejecutar su amenaza y llamar a sus contactos de alto rango para neutralizar al oficial. Sin embargo, lo que el empresario no sospechaba era que Lorena no había venido desarmada. Bajo su uniforme militar, ocultaba un pequeño dispositivo de transmisión satelital que estaba grabando y transmitiendo en tiempo real cada palabra y cada agresión directamente a la fiscalía general en Madrid, esquivando cualquier influencia local de su padrastro.
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