La traición entre rejas que obligó a Juana a luchar por su vida
Anteriormente: Juana pensaba que sobrevivir en prisión era su único problema, hasta que una emboscada en el patio reveló una conspiración mucho más oscura que amenazaba con destruirla para siempre.
La llave de la libertad
La oscuridad se apoderó de los pasillos cuando las luces parpadearon y se apagaron. Juana se movió como una sombra, guiada por el mapa mental de la prisión. Logró esquivar la ronda de los guardias y forzó la cerradura del despacho del alcaide. El corazón le latía con fuerza en el pecho mientras buscaba la caja fuerte detrás del retrato oficial del ala administrativa.
Con las manos temblorosas por la tensión, introdujo la clave que Carla le había proporcionado. Un chasquido metálico indicó que la puerta de acero se había liberado. Al abrirla, extrajo la carpeta azul con el sello confidencial de la fiscalía. Al encender una pequeña linterna de bolsillo para revisar los documentos, sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. El verdadero artífice de su desgracia, la persona que había pagado al inspector Bermúdez para incriminarla, no era otro que Mateo, su ex socio y prometido.

Él había desviado los fondos de la empresa y la había utilizado a ella como el chivo expiatorio perfecto para salvarse. En ese instante, unos pasos pesados resonaron en el pasillo exterior. Juana guardó los documentos en su uniforme y se ocultó tras las pesadas cortinas justo cuando el alcaide entraba al despacho acompañado por un guardia.
—Parece que el apagón ha sido general, revisa el generador —ordenó el alcaide antes de retirarse.
Aprovechando ese segundo de distracción, Juana logró escapar por la ventana del despacho que daba al jardín exterior de visitas. Al día siguiente, durante la visita semanal, logró entregar las pruebas a una abogada de derechos humanos que había estado investigando la corrupción de Bermúdez. Dos semanas después, la verdad salió a la luz pública: Bermúdez fue arrestado y Mateo fue detenido mientras intentaba salir del país. Juana cruzó las puertas de la prisión con la cabeza en alto, respirando el aire de la libertad que tanto le habían arrebatado, sabiendo que la justicia tarde o temprano siempre llega.


