Venganza · Historia

La traición que me llevó tras las rejas y la pelea que cambió mi destino

La traición que me llevó tras las rejas y la pelea que cambió mi destino — Parte 1
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El sol de justicia caía sin piedad sobre el patio de ejercicios de la prisión de San Miguel, un recinto de piedra gris y concertinas oxidadas que parecía tragarse la esperanza de cualquiera que cruzara sus puertas. En el centro del patio, Beatriz, una reclusa temida por su brutalidad y su imponente físico de cabello rubio ceniza, golpeaba un pesado saco de boxeo. El sonido sordo de sus puños impactando contra el cuero resonaba como un tambor de guerra en el tenso silencio de la tarde. A su alrededor, un grupo de presas con uniformes deportivos desgastados observaba la escena con una mezcla de fascinación y temor reverencial.

Nadie se atrevía a cruzar el camino de Beatriz, excepto Estela. Con paso firme y la mirada fija al frente, Estela cruzó el patio portando sus guantes de boxeo. Su cabello oscuro cortado al estilo pixie y los intrincados tatuajes que adornaban su cuello delataban a una mujer que había aprendido a sobrevivir en los entornos más hostiles. Al verla pasar, Beatriz detuvo el saco con un gesto seco y se giró lentamente, con una sonrisa cargada de veneno.

La traición que me llevó tras las rejas y la pelea que cambió mi destino
¿Has venido para ser mi saco de boxeo?

La provocación de Beatriz buscaba la humillación pública, un recordatorio de quién mandaba en aquellas cuatro paredes. Sin embargo, Estela no se inmutó. Recogió su guante del suelo, ajustó las correas con calma deliberada y sostuvo la mirada de su oponente con una frialdad que desconcertó a la veterana.

A ver cómo esquivas los míos.

La respuesta de Estela fue el detonante. Beatriz, cegada por la soberbia, se lanzó al ataque con un derechazo salvaje. Pero Estela, más rápida y ágil, se agachó esquivando el golpe por milímetros. En un movimiento fluido, se adentró en la guardia de Beatriz, la sujetó en un clinch asfixiante y le asestó un rodillazo demoledor en el plexo solar. Antes de que Beatriz pudiera recuperarse, Estela encadenó una serie de golpes rápidos y precisos que culminaron con un directo a la mandíbula, enviando a la gigante rubia directamente al polvo del patio. Sin mirar atrás, Estela se alejó con paso firme, dejando claro que el reinado de Beatriz había terminado.

Sin mirar atrás, Estela se alejó con paso firme, dejando claro que el reinado de Beatriz había terminado.