Traición · Historia

Me tendieron una trampa en prisión para silenciarme, pero no sabían quién era yo

Me tendieron una trampa en prisión para silenciarme, pero no sabían quién era yo — Parte 1
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La tensión en el patio de Cruz del Sur

El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de cemento de la prisión de Cruz del Sur, calentando las vallas metálicas que limitaban el horizonte de las internas. Laura, una mujer de treinta años con el cabello castaño recogido en trenzas firmes y los brazos cubiertos de tatuajes que narraban su dura historia personal, descansaba la espalda contra el frío metal. Vestía ropa deportiva sencilla, pero su postura denotaba una disciplina militar que pocos en ese lugar sabían identificar.

La calma aparente se rompió cuando el oficial de prisiones Rey, un hombre robusto de mirada sombría y uniforme azul marino impecable, se dirigió directamente hacia ella. No caminaba solo. A su lado avanzaba Dolores, una de las reclusas más imponentes y temidas del módulo, conocida por su brutalidad y su absoluta falta de escrúpulos. La intención en sus rostros era evidente: querían quebrar a Laura antes de que hablara con la dirección del penal.

Me tendieron una trampa en prisión para silenciarme, pero no sabían quién era yo
—Quítatelos. Ahora —ordenó el oficial Rey, deteniéndose a escasos centímetros de Laura y señalando los vendajes que protegían sus manos.

Laura no se inmutó. Mantuvo la mirada fija, demostrando que el miedo no formaba parte de su vocabulario. El guardia, enfurecido por la falta de sumisión, dio un paso agresivo hacia el frente y alzó la voz para que todo el patio lo escuchara:

—Venga, inténtalo —desafió Rey, lanzando un puñetazo directo al rostro de la interna.

Pero el oficial subestimó los reflejos de Laura. Con una agilidad asombrosa, ella esquivó el golpe y contraatacó con un puñetazo certero que derribó a Rey al suelo al instante. Al ver a su cómplice caer, otra interna gritó desde el fondo:

—¡Bájale la cabeza! ¡Vamos, Dolores!

Dolores se abalanzó sobre Laura con intenciones asesinas, sujetándola por los hombros. Sin embargo, Laura no se desesperó. Utilizando la fuerza de su oponente, ejecutó un rodillazo fulminante en el abdomen de Dolores. La enorme reclusa cayó de rodillas, jadeando de dolor, mientras Laura permanecía de pie, completamente serena en medio del caos.

La enorme reclusa cayó de rodillas, jadeando de dolor, mientras Laura permanecía de pie, completamente serena en medio del caos.