Traición · Historia

La valiente camarera que salvó a una mujer de la furia de su esposo millonario

La valiente camarera que salvó a una mujer de la furia de su esposo millonario — Parte 2
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Anteriormente: Emilia pensaba que su estancia en el hotel de lujo sería un sueño, pero se convirtió en una pesadilla de la que solo una valiente desconocida podría salvarla.

El fantasma del pasado regresa para cobrar venganza

Roberto se incorporó lentamente del suelo, apoyándose en la mesa auxiliar de caoba. Limpió con rabia un hilo de sangre que corría por su labio inferior, mientras sus ojos inyectados en sangre se clavaban en la empleada del hotel. La humillación de haber sido derribado por una humilde camarera de pisos parecía dolerle más que el propio golpe físico.

—¿Te has vuelto loca, infeliz? —rugió Roberto, sacando su teléfono móvil de la chaqueta—. No tienes idea de quién soy ni del poder que tengo en esta ciudad. Voy a encargarme personalmente de que pases el resto de tus días en prisión por agresión. Estás acabada.

La valiente camarera que salvó a una mujer de la furia de su esposo millonario

Emilia, aún en el suelo, le suplicó a Helena que huyera antes de que llegara la seguridad del hotel o la policía. Sabía muy bien que las influencias de su esposo eran capaces de destruir a cualquiera que se interpusiera en su camino. Sin embargo, la camarera de pisos no mostró el más mínimo signo de temor.

Llama a quien quieras, Roberto. Pero antes de marcar, mírame bien a la cara. ¿De verdad no te acuerdas de mí después de diez años?

Roberto se quedó petrificado. La seguridad con la que hablaba aquella mujer lo obligó a clavar su mirada en las facciones de Helena, desprovistas de maquillaje y enmarcadas por el sencillo uniforme azul del hotel. Poco a poco, la soberbia del empresario comenzó a desvanecerse, siendo reemplazada por una palidez cadavérica.

—No... tú no puedes ser ella —balbuceó Roberto, dando un paso atrás mientras el teléfono se le resbalaba de los dedos—. Helena... tú estás muerta. Yo mismo vi el informe del accidente en Sevilla...

—Lo que viste fue el montaje que tú mismo pagaste para deshacerte de tu primera esposa y quedarte con su herencia —reveló Helena con una voz que destilaba una justicia largamente contenida—. Pero sobreviví, Roberto. Y he esperado una década entera para encontrar el momento perfecto de hacerte pagar.

Y he esperado una década entera para encontrar el momento perfecto de hacerte pagar.