La encerraron para silenciarla, pero no contaban con lo que haría para sobrevivir
Anteriormente: Sara lo tenía todo hasta que una traición la llevó a la cárcel. Allí, rodeada de enemigas pagadas para destruirla, tendrá que elegir entre rendirse o luchar.
La verdad detrás de las sombras
Aquella misma noche, bajo la luz parpadeante y fría de las duchas comunes, Sara descubrió que su calvario no era fruto de la casualidad. Carmen, una reclusa veterana que conocía todos los secretos de la prisión, se le acercó fingiendo buscar una pastilla de jabón. Sin mirarla directamente, le susurró una advertencia que le heló la sangre en las venas: Begoña estaba recibiendo cuantiosas sumas de dinero en una cuenta exterior para asegurarse de que Sara sufriera un «accidente» mortal antes de su juicio de apelación.
El cerebro de Sara, entrenado para analizar situaciones complejas bajo presión, conectó las piezas de inmediato. Solo había una persona con el poder y la desesperación necesarios para encargar su muerte: Mateo, su ex prometido y antiguo socio comercial. Mateo la había utilizado como cabeza de turco para desviar la atención de un fraude fiscal multimillonario, y sabía que si Sara testificaba ante el juez supremo en dos semanas, él acabaría compartiendo su destino tras las rejas.

En lugar de dejarse llevar por el pánico, Sara decidió utilizar su mejor recurso: su inteligencia financiera. A través de un guardia corrupto al que prometió una jugosa recompensa una vez fuera libre, consiguió un informe reciente sobre el estado financiero de las empresas de Mateo. Lo que descubrió fue la clave de su salvación: Mateo estaba completamente arruinado y todas sus cuentas bancarias habían sido intervenidas por la Audiencia Nacional.
Al día siguiente, Sara acorraló a Begoña en la lavandería del penal. Aprovechando el ruido ensordecedor de las lavadoras industriales, se interpuso en su camino. Antes de que la giganta pudiera reaccionar, Sara le arrojó los documentos financieros impresos sobre una de las mesas de metal.
«Te está utilizando, Begoña. El hombre que te paga para matarme no tiene un solo euro para cumplir su promesa. Si me eliminas, te quedarás con una condena por asesinato y con las manos vacías», sentenció Sara con absoluta firmeza.
Begoña examinó los papeles oficiales con desconfianza, pero a medida que descifraba los sellos judiciales y las cifras de embargo, la ira comenzó a transformar su rostro. La reina del patio se dio cuenta de que había sido engañada por un cobarde de guante blanco.
”La reina del patio se dio cuenta de que había sido engañada por un cobarde de guante blanco.