La verdad oculta tras el papel tapiz que destrozó a mi familia
Anteriormente: Raquel creía que estaba perdiendo la cabeza en aquel viejo piso de Madrid, pero un escalofriante hallazgo detrás del papel tapiz del pasillo reveló la traición más dolorosa de su vida.
La silueta de Javier se recortó contra la luz mortecina de la entrada. Detrás de él, con una sonrisa que intentaba ser reconfortante pero que ahora a Raquel le parecía la mueca de un demonio, apareció Irene. El tercer hombre, un individuo de aspecto severo y maletín de cuero, cerró la puerta tras de sí con un clic definitivo que resonó en todo el apartamento como una sentencia de prisión.
La encerrona familiar
—Raquel, mi amor, qué bueno que estés levantada —dijo Javier, avanzando por el estrecho pasillo con los brazos abiertos—. Te he traído una visita. El doctor Méndez ha venido amablemente a domicilio para evaluar tu progreso. Queremos asegurarnos de que estás recibiendo el tratamiento adecuado.

Raquel se presionó con fuerza contra la pared, sintiendo el roce áspero del papel tapiz contra su espalda y el peso del diario oculto bajo su vestido. Intentó que su voz no temblara, aunque el corazón le golpeaba el pecho con tal violencia que temía que ellos pudieran escucharlo.
—No necesito ningún doctor, Javier. Me encuentro mucho mejor hoy. De verdad. Solo necesito aire fresco. Quiero salir a dar un paseo —dijo ella, intentando dar un paso hacia la salida.
Irene se interpuso en su camino con rapidez, colocándole una mano en el hombro. Su tacto, antes cálido, ahora le producía a Raquel una profunda repulsión.
—Ay, hermana, no estás bien. Mírate, estás pálida y apenas puedes sostenerte en pie —susurró Irene con fingida dulzura—. El doctor Méndez solo quiere ayudarte. Hemos preparado unos documentos para que Javier pueda gestionar los negocios de papá temporalmente, así tú no tendrás que preocuparte por nada. Solo tienes que firmar aquí.
El doctor Méndez abrió su maletín sobre la pequeña mesa del recibidor y extrajo varios folios con membrete oficial. Raquel comprendió la gravedad de la situación: si firmaba la declaración de incapacidad voluntaria, perdería el control de su vida para siempre. Pero si se negaba abiertamente, Javier e Irene descubrirían que ya no estaba bajo el efecto de sus sedantes y podrían recurrir a métodos mucho más drásticos para silenciarla.
”Pero si se negaba abiertamente, Javier e Irene descubrirían que ya no estaba bajo el efecto de sus sedantes y podrían recurrir a métodos…