Secretos de familia · Ficción breve

La verdad oculta tras la agresión en la cena que destrozó a mi familia

La verdad oculta tras la agresión en la cena que destrozó a mi familia — Parte 2
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Anteriormente: Una lujosa cena en un ático de Madrid se convierte en un campo de batalla cuando Leonor descubre el secreto que su esposo Arturo y la joven Sonia intentaban ocultar a toda costa.

El silencio que siguió al estruendo fue sepulcral. Los invitados observaban la escena con los ojos abiertos de par en par, incapaces de asimilar que la respetable familia De la Vega protagonizara semejante espectáculo. Leonor yacía en el suelo, rodeada de astillas de madera. Se incorporó lentamente, con una dignidad herida pero con una sonrisa gélida en los labios. Se limpió un hilo de sangre de la comisura de la boca mientras miraba a su hermano.

¿De verdad crees que la has salvado, Arturo?

susurró Leonor, con una voz que destilaba veneno.

La verdad oculta tras la agresión en la cena que destrozó a mi familia
Si esa advenediza muestra ese papel, caeremos todos. ¿O acaso ya le contaste lo que pasó en Marbella hace veinte años?

Arturo se quedó rígido. El color desapareció instintáneamente de su rostro, dejando una palidez cadavérica. Su postura imponente se desmoronó en un segundo. Sonia, aún temblando y acariciando su cuero cabelludo dolorido, miró a su esposo esperando que desmintiera las palabras de su hermana. Sin embargo, el silencio de Arturo fue la confirmación más dolorosa.

¿De qué está hablando, Arturo?

preguntó Sonia, con la voz entrecortada por las lágrimas. Leonor soltó una carcajada amarga mientras se sacudía la blusa de seda.

Pregúntale por su primera esposa, Sonia. Pregúntale cómo es que heredó toda su fortuna de la noche a la mañana tras aquel misterioso "accidente" en el acantilado. Arturo no es el caballero que crees. Y si yo voy a la cárcel por malversación, él irá a una celda vecina por algo mucho peor.

Sonia sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. El hombre al que amaba, el que la había rescatado de una vida humilde y al que consideraba su protector, era un monstruo con las manos manchadas de sangre. Arturo intentó dar un paso hacia ella, con los ojos suplicantes, pero Sonia retrocedió, aterrorizada por los dos hermanos que ahora la miraban como depredadores en una jaula de oro.

Arturo intentó dar un paso hacia ella, con los ojos suplicantes, pero Sonia retrocedió, aterrorizada por los dos hermanos que ahora la mi…