Venganza · Historia

La verdad tras las rejas que mi peor enemiga intentó silenciar para siempre

La verdad tras las rejas que mi peor enemiga intentó silenciar para siempre — Parte 1
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Tensión en el patio de Cruz del Sur

El sol de la tarde caía implacable sobre el hormigón del patio de la prisión de Cruz del Sur. Jaime caminaba con la mirada baja, intentando ignorar el murmullo constante de las demás reclusas. Sin embargo, en un lugar donde la debilidad se huele a distancia, la tranquilidad dura poco. De repente, un hombro robusto impactó con brutalidad contra el suyo, desestabilizándola por completo y enviándola directamente al suelo polvoriento.

Bárbara, una reclusa de complexión fuerte y con un característico corte de pelo rubio platino, se detuvo a pocos centímetros de ella. Con una mirada cargada de desprecio, se inclinó ligeramente hacia delante.

La verdad tras las rejas que mi peor enemiga intentó silenciar para siempre
Mira por dónde vas la próxima vez.

Jaime sintió el roce del cemento en sus palmas abiertas, pero antes de que pudiera articular palabra o reaccionar, una silueta se interpuso entre ambas. Era Sofía, vestida con su habitual ropa deportiva gris, cuya presencia solía imponer respeto incluso entre las presas más peligrosas. Sofía miró fijamente a Bárbara, con los brazos cruzados y una expresión inquebrantable.

No se cruzó en tu camino. Lo hiciste a propósito.

La tensión se podía cortar con un cuchillo. Bárbara soltó una risa burlona, dio media vuelta y se alejó con paso lento, sabiendo que había dejado clara su superioridad. Pero la humillación había encendido una chispa peligrosa en el pecho de Jaime.

Horas más tarde, bajo los fluorescentes parpadeantes de la cafetería húmeda, el destino volvió a cruzarlas. El suelo resbaladizo reflejaba la luz fría del techo. Al ver a Bárbara de espaldas, Jaime no lo dudó. Corrió con todas sus fuerzas y la tacleé, derribándola contra las baldosas mojadas. El estruendo de la caída silenció el comedor. Sobre el suelo húmedo, Jaime descargó meses de rabia contenida, golpeando repetidamente a su rival antes de ser separada por los guardias, levantándose con el rostro magullado pero con una mirada de absoluta victoria.

Sobre el suelo húmedo, Jaime descargó meses de rabia contenida, golpeando repetidamente a su rival antes de ser separada por los guardias…