La verdad tras las rejas que mi peor enemiga intentó silenciar para siempre
Anteriormente: Tras ser empujada al límite en el patio de la prisión, Jaime decide no callar más y desenterrar el oscuro secreto que Bárbara oculta.
El secreto que esconde la celda de aislamiento
Tras la brutal pelea en la cafetería, Jaime fue arrastrada directamente a las celdas de aislamiento. Las paredes de hormigón frío y la falta de luz natural eran el castigo estándar para quienes osaban romper la estricta paz carcelaria. Sin embargo, para Jaime, el dolor físico de las magulladuras y el encierro no eran nada comparados con la descarga de adrenalina que aún corría por sus venas. Había demostrado que ya no sería el títere de nadie.
La medianoche llegó en un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por el goteo constante de una tubería lejana. De repente, el cerrojo de su celda crujió suavemente. Jaime se incorporó de inmediato, esperando ver a los guardias del turno de noche listos para otro interrogatorio. Para su sorpresa, la puerta se abrió apenas unos centímetros para dejar pasar a Sofía, quien se deslizó con la agilidad de una sombra.

Tienes que ver esto antes de que sea tarde, Jaime —susurró Sofía, extendiendo un sobre de papel arrugado—. Bárbara no es tu único problema aquí dentro.
Con manos temblorosas, Jaime abrió el sobre y extrajo unos documentos internos de administración y transferencias bancarias. A la débil luz que se filtraba por la rendija de la puerta, las piezas del rompecabezas comenzaron a encajar de una manera aterradora. Las firmas en los documentos de importación ilegal que habían enviado a Jaime a prisión no solo pertenecían a Bárbara. Al lado de cada transacción fraudulenta figuraba el sello oficial de la dirección de la prisión de Cruz del Sur.
La traición era mucho más profunda de lo que jamás había imaginado. No se trataba de una simple rivalidad callejera; Jaime había sido el peón sacrificado en un negocio millonario diseñado para proteger a las altas esferas de la institución. En ese preciso instante, el eco de unos pasos pesados comenzó a resonar al final del pasillo, acercándose inexorablemente a su celda.
”En ese preciso instante, el eco de unos pasos pesados comenzó a resonar al final del pasillo, acercándose inexorablemente a su celda.