Secretos de familia · Ficción breve

La vieja flauta que reveló el secreto mejor guardado de una dinastía

La vieja flauta que reveló el secreto mejor guardado de una dinastía — Parte 2
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Anteriormente: Un joven desesperado interrumpe una gala de alta sociedad para salvar a su madre enferma. Una vieja melodía y una foto rota desenterrarán un secreto familiar oculto por más de veinte años.

Secretos desenterrados en el despacho

Sin importarle las miradas atónitas de sus distinguidos invitados, Arturo tomó a Tobías del brazo con una fuerza inusual y lo arrastró hacia el interior de la mansión. Se encerraron en su despacho privado, un espacio imponente rodeado de estanterías de roble y un denso aroma a tabaco y cuero. Arturo respiraba con dificultad, contemplando la flauta de madera que el joven aún sostenía en sus manos.

—Dime quién es tu madre ahora mismo. No juegues conmigo —exigió Arturo, intentando recuperar su habitual tono de autoridad, aunque el temblor de sus manos lo delataba.
—Se llama Clara Martín —respondió Tobías, mirándolo con un orgullo inquebrantable—. Está en una cama de hospital público, debatiéndose entre la vida y la muerte porque no podemos costear su tratamiento.

La revelación golpeó a Arturo como un impacto físico. Se desplomó sobre su sillón de cuero, con la mirada perdida en el vacío de sus recuerdos. Clara Martín había sido el gran amor de su juventud, una humilde costurera a la que amó con locura antes de que ella, según creía, lo abandonara sin dar explicaciones para marcharse con otro hombre.

La vieja flauta que reveló el secreto mejor guardado de una dinastía
—Eso es imposible... Clara me traicionó. Se marchó con mi dinero y me dejó destrozado —murmuró Arturo, con el resentimiento de veinte años aflorando en sus palabras.

Tobías sintió una oleada de indignación y sacó un sobre amarillento del bolsillo. Era una carta escrita por el difunto padre de Arturo, el antiguo patriarca de los De la Vega, descubierta por Tobías en el viejo costurero de su madre. En ella, el anciano confesaba haber amenazado a Clara con destruir a su familia si no se alejaba de su hijo, pagando además a un tercero para simular una infidelidad.

Arturo leyó la carta con ojos desorbitados, dándose cuenta de que la traición no había venido de la mujer que amaba, sino de su propio padre. Había vivido dos décadas odiando a una inocente, ignorando que el fruto de aquel amor prohibido estaba frente a él.

Había vivido dos décadas odiando a una inocente, ignorando que el fruto de aquel amor prohibido estaba frente a él.