Me despreció en el altar por pobre sin saber quién era mi padre
El aroma a incienso y flores frescas llenaba el aire de la majestuosa basílica de San Jerónimo en Madrid. Para Claudia, este era el día con el que había de soñado durante años. Vestida con un elegante traje de novia de seda blanca, avanzaba lentamente hacia el altar, donde Iván la esperaba con una sonrisa que, desde la distancia, parecía de absoluta devoción. Claudia había decidido ocultar la inmensa fortuna de su familia, presentándose como una humilde maestra, para asegurarse de que el amor de Iván fuera genuino.
Una traición inesperada en el altar
Sin embargo, al llegar a su lado y tomar sus manos, una extraña frialdad en la mirada de su prometido la hizo estremecer. Antes de que el sacerdote pudiera dar inicio formal a los votos, Iván se inclinó ligeramente hacia ella. Su voz, un susurro cargado de veneno, destrozó las ilusiones de Claudia en un instante:

¿De verdad creías que me casaría con una chica pobre como tú? Solo te utilicé para dar la imagen de hombre de familia que la junta directiva de la empresa exige para los ascensos. Ya conseguí lo que quería, así que no te necesito.
Las lágrimas brotaron de inmediato de los ojos de Claudia, empañando su mirada mientras sus dedos temblorosos se aferraban con fuerza al ramo de rosas blancas. El dolor era insoportable. Pero antes de que Iván pudiera saborear su cruel victoria, las pesadas puertas del templo se abrieron de par en par. Arturo, un hombre distinguido y elegante con un traje azul pizarra, entró apresurado.
Perdona el retraso, hija. Estaba en una reunión importante de la que no podía salir
dijo Arturo con voz firme y protectora. Al escuchar aquella voz, Iván se giró bruscamente. Al reconocer al recién llegado, el color desapareció por completo de su rostro, transformando su mueca de suficiencia en puro terror.
¿Jefe? ¿Es usted su padre?
tartamudeó Iván, cayendo en la cuenta de que el hombre más poderoso de la multinacional para la que trabajaba era el progenitor de la mujer que acababa de humillar.
”¿Es usted su padre?tartamudeó Iván, cayendo en la cuenta de que el hombre más poderoso de la multinacional para la que trabajaba era el p…