Traición · Historia

Me encerraron por un crimen ajeno y el guardia corrupto intentó destruirme en prisión

Me encerraron por un crimen ajeno y el guardia corrupto intentó destruirme en prisión — Parte 2
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Anteriormente: Natalia pensó que sobrevivir en prisión sería su mayor desafío, hasta que descubrió que el guardia que la custodiaba era el verdadero culpable de su desgracia. Ahora debe luchar por su verdad.

El precio de la resistencia

La victoria en el patio duró poco. Las alarmas de la prisión comenzaron a sonar con un estruendo ensordecedor que perforaba los oídos. En cuestión de segundos, un batallón de guardias armados con porras irrumpió en el patio, rodeándome de inmediato. Ruiz, con la boca ensangrentada y la dignidad destrozada, se puso de pie con dificultad y ordenó mi traslado inmediato a las celdas de aislamiento. No opuse resistencia; sabía que cualquier movimiento en falso en ese momento podría ser el último.

Me arrojaron sin contemplaciones a una celda húmeda y oscura, donde el único sonido era el goteo constante de una tubería rota. Las horas transcurrieron en una penumbra asfixiante que amenazaba con devorar mi cordura. Sin embargo, la verdadera pesadilla comenzó a medianoche, cuando el eco de unos pasos pesados se detuvo frente a mi puerta metálica.

Me encerraron por un crimen ajeno y el guardia corrupto intentó destruirme en prisión

A través de la pequeña rejilla de ventilación, escuché el tintineo de unas llaves y, poco después, la voz susurrante del oficial Ruiz. Estaba hablando por teléfono, creyendo que el silencio de la noche ocultaría su traición. Me acerqué con sigilo a la pared, conteniendo la respiración para no perder un solo detalle de la conversación.

—Ya la tengo en aislamiento, tal como querías. Mañana por la mañana prepararé el altercado en las duchas y nos desharemos de ella para siempre —susurró Ruiz con frialdad.

La voz al otro lado de la línea telefónica, distorsionada por la estática pero inconfundible, respondió con una risa gélida. Era Manuel, mi cuñado, el hombre que me había tendido la trampa para quedarse con la herencia de mi familia. Él había pagado a Ruiz para asegurar mi silencio permanente dentro de estas paredes.

—Perfecto. Asegúrate de que parezca un accidente. No quiero que queden cabos sueltos que puedan relacionarme con esto —ordenó Manuel antes de colgar.

El pánico inicial se transformó rápidamente en una fría determinación. Tenía menos de seis horas antes de que el plan de mi asesinato se pusiera en marcha. Sola, encerrada y sin recursos, debía encontrar la manera de burlar la trampa mortal que se cerraba sobre mí.

Sola, encerrada y sin recursos, debía encontrar la manera de burlar la trampa mortal que se cerraba sobre mí.