Me encerraron por un crimen que no cometí, pero la prisión no pudo doblegarme
Anteriormente: Tras ser traicionada por su propia socia y enviada a una prisión de máxima seguridad, Sara debe enfrentarse no solo a la hostilidad de las reclusas, sino a la corrupción que busca silenciarla para siempre.
La celda de castigo y la gran amenaza
La aparente victoria en el patio no tardó en pasarle factura. Esa misma noche, durante el recuento de celdas, el oficial Molina se presentó junto a dos guardias armados. Con el pretexto de haber iniciado una pelea, arrastraron a Sara a las celdas de aislamiento, un sótano lúgubre donde el aire era denso y frío. Allí, Molina arrojó a Sara contra la pared y, con una sonrisa cínica, extrajo una carta de su bolsillo.
—Tienes visitas indirectas, preciosa. Tu antigua socia, Elena, te manda saludos. Quiere saber dónde guardas las copias físicas de la contabilidad que te exculpan. Si no hablas en veinticuatro horas, el patio te parecerá un juego de niños.
Sara comprendió la magnitud de la conspiración. Molina estaba a sueldo de Elena para silenciarla permanentemente. Al amanecer, el sonido del cerrojo metálico despertó a Sara de su pesadilla. Pero no era el guardia con el desayuno. Era Roxanne, quien sostenía un destornillador afilado en su mano derecha. Detrás de ella, Molina cerró la puerta con llave, dejándolas completamente solas en la penumbra.

—Es hora de terminar el trabajo —susurró Roxanne, abalanzándose sobre ella. Sin embargo, en lugar de dejarse llevar por el pánico, Sara logró esquivar la primera embestida y sujetó el brazo de su rival.
—¡Espera! —gritó Sara—. ¡Molina te está usando! Si me matas, él te eliminará a ti para no dejar cabos sueltos. Elena no quiere testigos de su fraude, y tú eres prescindible para ellos.
Roxanne se detuvo un instante, con el arma suspendida en el aire. La duda comenzó a reflejarse en sus ojos fríos al comprender que, en ese nido de víboras, ella también era una pieza sacrificable en el tablero de ajedrez de los poderosos.
”La duda comenzó a reflejarse en sus ojos fríos al comprender que, en ese nido de víboras, ella también era una pieza sacrificable en el t…