Me encerraron siendo inocente, pero mi peor enemiga resultó ser mi única salvación
Anteriormente: Tras ser traicionada por el hombre que amaba, Jimena termina en una prisión de máxima seguridad. Allí deberá enfrentarse a la reclusa más peligrosa para descubrir una verdad que cambiará su destino para siempre.
Una alianza en las sombras
La victoria en el pasillo tuvo un precio inmediato. Esa misma noche, Jimena fue arrastrada por el corrupto inspector Bermúdez a las celdas de aislamiento, un sótano donde la oscuridad era total. Sin embargo, el verdadero peligro no era el aislamiento, sino lo que ocurrió de madrugada. El chirrido de la pesada puerta de hierro la despertó. Para su sorpresa, no eran los guardias, sino Rosa quien cruzaba el umbral, sosteniendo un objeto afilado en su mano derecha.
Jimena se puso en guardia de inmediato, pero Rosa se detuvo a un par de metros y arrojó el arma al suelo. Su rostro ya no mostraba la arrogancia de la mañana, sino una desesperación profunda.

—Tu exesposo, Sergio, me pagó una fortuna para que te eliminara —confesó Rosa en un susurro—. Pero acabo de enterarme de que planea traicionarme a mí también. Necesito tu ayuda.
Rosa le reveló que su hija pequeña sufría una enfermedad cardíaca grave y necesitaba una operación urgente fuera de España. Sabiendo que Jimena había sido una respetada cardióloga antes de que Sergio la incriminara para salvar su propio imperio financiero, Rosa le propuso un trato: protección absoluta dentro de la cárcel y las pruebas de la conspiración de Sergio a cambio de que los contactos médicos de Jimena salvaran a su hija.
Durante dos semanas, la alianza secreta funcionó a la perfección. Jimena logró coordinar la intervención médica desde el teléfono de la prisión, y Rosa obtuvo documentos incriminatorios que Sergio había enviado para silenciarla. Sin embargo, la red de corrupción de Sergio era más extensa de lo que imaginaban. Una mañana, Jimena fue conducida de forma abrupta a las oficinas principales. Al entrar, se encontró cara a cara con Sergio, quien sonreía con prepotencia mientras sostenía las pruebas incriminatorias en sus manos. Rosa había sido trasladada repentinamente, y Jimena se encontraba de nuevo completamente sola y desprodigada.
”Rosa había sido trasladada repentinamente, y Jimena se encontraba de nuevo completamente sola y desprodigada.