Me humillaron en mi propia boutique por vestir sencilla y decidí cerrar el negocio
Anteriormente: Cuando Catalina entró a su propia tienda de lujo en Madrid con ropa sencilla, una clienta arrogante la humilló sin piedad, sin saber que estaba sellando su propio destino.
La caída de las máscaras en la acera
Catalina no había avanzado ni cincuenta metros cuando escuchó unos pasos apresurados detrás de ella. Era Alejandro, el director de la boutique, que lucía un rostro desencajado y cubierto de sudor frío. Detrás de él, con el orgullo herido pero aún sosteniendo su mirada de superioridad, caminaba Lydia. Alejandro sabía perfectamente lo que significaba el bloqueo de las cuentas: su elaborado esquema de desvío de fondos estaba a punto de ser descubierto.
—Señora de Borbón, por favor, le ruego que me escuche —suplicó Alejandro, con la voz temblorosa—. Ha sido un terrible malentendido. Lydia no sabía quién era usted. Por favor, no tome medidas tan drásticas con el negocio.
Lydia, al escuchar el apellido y ver la humillación de su prometido, sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Aquella mujer a la que había tratado como a una intrusa era, en realidad, la dueña absoluta de la marca que ella tanto veneraba.

—¿Ella es la propietaria? Alejandro, dime que es una broma —balbuceó Lydia, perdiendo la compostura por primera vez.
—Cállate, Lydia —le espetó Alejandro con desesperación, antes de volverse de nuevo hacia Catalina—. Señora, si decide cerrar esta tienda y despedirme, destruirá años de prestigio. Además, poseo información confidencial sobre los nuevos diseños y los proveedores exclusivos. Si caigo yo, le aseguro que la reputación de su firma sufrirá un golpe del que no se recuperará. Piénselo bien antes de actuar contra nosotros.
El chantaje estaba sobre la mesa. Alejandro intentaba utilizar la información confidencial que había acumulado durante su gestión para forzar a Catalina a mantener el silencio y el statu quo. Lydia, al ver la audacia de su prometido, recuperó parte de su sonrisa despectiva, convencida de que habían encontrado el talón de Aquiles de la poderosa empresaria. Sin embargo, no conocían la verdadera determinación de Catalina.
”Sin embargo, no conocían la verdadera determinación de Catalina.