Mi antigua jefa me acusó de ladrón frente a todos sin saber la verdad
Anteriormente: Cuando Margarita vio a Herrero con las llaves del Rolls-Royce en la exclusiva fiesta de la alta sociedad madrileña, no dudó en gritar y llamar a seguridad. Pero el humillado empleado guardaba un secreto que la dejaría sin palabras.
La caída de la soberbia
Dos guardias de seguridad privada, de aspecto imponente, acudieron de inmediato al llamado de Margarita. Se colocaron a ambos lados de Alejandro, quien permaneció completamente relajado, sin hacer el menor intento de huir o defenderse físicamente. Margarita, sintiéndose respaldada por la autoridad de los agentes, cruzó los brazos sobre su pecho con un aire de triunfo mezquino. Para ella, ver a su antiguo empleado salir esposado de la gala benéfica sería el mayor entretenimiento de la noche.
Fue en ese preciso instante cuando la imponente figura de don Fernando, el multimillonario anfitrión de la gala y uno de los hombres más influyentes del país, descendió por las escaleras de mármol de la mansión. Margarita, al ver la oportunidad de ganar puntos ante el magnate, se apresuró a intervenir con una sonrisa aduladora:

—Don Fernando, lamento muchísimo que este indeseable haya estropeado su maravillosa velada. Es un antiguo empleado de nuestra constructora al que tuve que despedir fulminantemente por ladrón. Claramente ha burlado la seguridad para intentar robar este Rolls-Royce.
Don Fernando no respondió de inmediato. Caminó despacio, ignorando por completo la mano tendida de Margarita, y se detuvo a escasos centímetros de Alejandro. El silencio en el jardín era tan denso que casi podía cortarse. Margarita sonreía, esperando ver la debacle del hombre que una vez se atrevió a mirarla a los ojos.
Sin embargo, la realidad cayó sobre ella como un jarro de agua helada cuando don Fernando extendió su mano derecha hacia Alejandro y, con un tono lleno de sincero respeto, habló con firmeza:
—Buenas tardes, señor Herrero. Veo que su nuevo coche ha llegado a tiempo para la celebración. Permítame felicitarlo personalmente por la adquisición de su nueva firma.
Margarita sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Sus ojos se abrieron desmesuradamente y el color desapareció por completo de sus mejillas mientras intentaba asimilar las palabras del anfitrión.
”Sus ojos se abrieron desmesuradamente y el color desapareció por completo de sus mejillas mientras intentaba asimilar las palabras del an…