Mi esposo envió a la policía para cazarnos, pero un rescate inesperado cambió todo
La lluvia de la noche asturiana caía implacable sobre las láminas de metal oxidado del desguace abandonado, creando una sinfonía metálica y desoladora. Escondida detrás de la rueda de un viejo sedán de color turquesa, Natalia contenía la respiración. Un hilo de sangre tibia y espesa brotaba de la profunda brecha en su frente, mezclándose con las gotas de agua fría que resbalaban por su rostro pálido.
Con una mano temblorosa pero firme, Natalia cubría la boca de su pequeña hija Olivia. La niña, de apenas seis años, vestía una sudadera amarilla con capucha que ahora estaba manchada de barro y grasa. Sus ojos, enormes y cargados de un terror absoluto, miraban a su madre buscando una seguridad que Natalia no podía ofrecerle. Ambas temblaban, no solo por el frío húmedo que calaba sus huesos, sino por el sonido de los pasos pesados que se acercaban sobre la grava mojada.

Una persecución implacable en la oscuridad
A pocos metros de su escondite, los haces de luz blanca de dos potentes linternas cortaban la densa oscuridad de la noche, barriendo los restos de los todoterrenos y camiones desguazados. Las luces azules de una patrulla policial parpadeaban a lo lejos, proyectando sombras fantasmales sobre el cementerio de automóviles.
—Tenemos que encontrarla antes de que sea demasiado tarde —dijo uno de los oficiales con una voz ronca que heló la sangre de Natalia.
No era una búsqueda de rescate. Natalia lo sabía muy bien. Aquellos hombres que vestían el uniforme de la ley no estaban allí para protegerlas, sino para cumplir las órdenes de su esposo, Marcos. Ella había descubierto el oscuro plan de Marcos para huir del país con su hija y sus millones ilícitos, y ahora, él estaba dispuesto a todo para silenciarla. El haz de una linterna pasó directamente sobre los ojos abiertos y aterrorizados de Natalia, obligándola a encogerse aún más en las sombras del desguace.
”El haz de una linterna pasó directamente sobre los ojos abiertos y aterrorizados de Natalia, obligándola a encogerse aún más en las sombr…