Mi esposo me atacó en el hospital sin saber quién me estaba protegiendo
Anteriormente: Tras sobrevivir a un terrible accidente, Sara pensó que el peligro había pasado. Sin embargo, la irrupción de su esposo en la clínica desató una verdad que cambiaría sus vidas para siempre.
La conspiración en los pasillos de la clínica
Con Marcos finalmente bajo custodia temporal en los calabozos de la planta baja, la habitación volvió a sumirse en un silencio tenso, roto únicamente por los sollozos de Sara. La capitana Martínez se apresuró a cerrar la puerta por dentro y a asistir a la joven, asegurándose de que su cuello no hubiera sufrido más daños por el violento tirón. Pero la calma duró muy poco. Apenas diez minutos después, el teléfono de la capitana comenzó a vibrar con insistencia.
Al atender la llamada de su central, el rostro de la oficial se endureció. La noticia era devastadora: un influyente bufete de abogados, contratado por los poderosos e influyentes socios de Marcos, había presentado un recurso de urgencia ante un juez de guardia corrupto. Alegando detención ilegal y falta de pruebas físicas concluyentes, habían conseguido no solo la liberación inmediata de Marcos, sino también una orden judicial que exigía el alta médica de Sara bajo la tutela legal de su esposo.

—Esto es una trampa mortal, Sara —susurró la capitana Martínez con los dientes apretados—. Si permito que te lleven de este hospital, se asegurarán de que tu próximo accidente sea definitivo. No puedo dejar que te destruyan.
La capitana tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su carrera y de su vida. Decidió desobedecer las órdenes directas de sus superiores y ayudar a Sara a escapar antes de que los abogados y el director de la clínica, que venían subiendo por el ascensor principal con la orden en la mano, llegaran a la habitación. Desconectó con cuidado los cables de los monitores de Sara y le colocó un abrigo sobre los hombros.
Justo cuando el pomo de la puerta comenzó a girar con violencia desde el exterior y se escucharon los primeros golpes autoritarios de los guardias de seguridad del hospital, Martínez señaló la pequeña ventana que comunicaba con el hueco del ascensor de servicio. Era una huida extremadamente peligrosa, pero era la única opción de supervivencia para ambas.
”Era una huida extremadamente peligrosa, pero era la única opción de supervivencia para ambas.