Mi esposo me echó embarazada a la calle, pero un millonario me salvó
Anteriormente: Inés pensaba que su vida junto a Tomás era perfecta, hasta que él la arrastró por el suelo para quedarse con todo. Pero un misterioso hombre del pasado cambiará su destino.
La trampa en el hospital
Enrique actuó con la rapidez y autoridad de quien está acostumbrado a mandar y ser obedecido. Sin perder un segundo, ayudó a Inés a subir al coche y ordenó a su chófer que se dirigiera a la clínica privada más cercana. Durante el trayecto, el magnate inmobiliario y antiguo socio del padre de Inés intentó calmar los temblores de la joven, prometiéndole que la pesadilla había terminado. Sin embargo, el veneno de Tomás era más profundo de lo que ambos imaginaban.
Una vez en el hospital, los médicos estabilizaron a Inés, confirmando que el bebé se encontraba fuera de peligro inmediato, aunque requería reposo absoluto. La paz, no obstante, duró poco. Apenas una hora después de que Enrique saliera temporalmente de la habitación para realizar unas llamadas, la puerta se abrió de golpe, revelando la silueta de Tomás. Pero esta vez no venía solo; lo acompañaban dos hombres de aspecto severo, vestidos con trajes oscuros y portando maletines repletos de documentos legales.

—No creas que ese viejo millonario te va a salvar de mí, Inés —siseó Tomás, acercándose a la cama con una sonrisa fría—. Traigo una orden judicial de urgencia. O firmas la transferencia total del fideicomiso de tu padre ahora mismo, o te destruyo.
Inés sintió que el aire se desvanecía de sus pulmones al ver los papeles que uno de los abogados extendía ante ella. Tomás no solo exigía el dinero; los documentos incluían informes psiquiátricos falsificados que la tachaban de inestable y peligrosa para el futuro bebé, amenazándola con retirarle la custodia en el mismo instante del parto.
—Tengo el poder para declararte incapaz y asegurarme de que nunca vuelvas a ver la luz del sol, y mucho menos a ese niño —amenazó Tomás, inclinándose sobre ella—. Firma si quieres conservar a tu hijo.
Atrapada, sin opciones y con la pluma temblando entre sus dedos, Inés miró la puerta del hospital, suplicando en silencio un milagro que parecía que nunca llegaría.
”Firma si quieres conservar a tu hijo.Atrapada, sin opciones y con la pluma temblando entre sus dedos, Inés miró la puerta del hospital, s…