Mi esposo me encerró en prisión para silenciarme, pero no esperaba mi venganza
Anteriormente: Tras ser incriminada por su propio esposo, Judith enfrenta el infierno de la prisión. Cuando la reclusa más peligrosa intenta acabar con ella, un secreto oculto cambia las reglas del juego para siempre.
Una verdad oculta en las sombras
El confinamiento en las celdas de aislamiento era un castigo brutal, caracterizado por la oscuridad casi absoluta y un frío que calaba hasta los huesos. Judith permanecía sentada en el suelo de piedra, frotando sus brazos magullados, tratando de procesar la adrenalina que aún corría por sus venas. Sabía que su violenta reacción en la cafetería tendría graves consecuencias, pero no se arrepentía. Por primera vez en meses, se sentía viva.
A altas horas de la madrugada, el chirrido metálico de la pesada puerta de su celda rompió el silencio del bloque de castigo. Judith se tensó, esperando la llegada de algún guardia dispuesto a reprenderla. En su lugar, la silueta del sargento Delgado se recortó contra la tenue luz del pasillo. Delgado era un oficial veterano, conocido por su rectitud y por no dejarse corromper por el sistema.

El sargento entró rápidamente y cerró la puerta tras de sí, asegurando el cerrojo con extrema cautela. Su rostro, habitualmente impasible, mostraba una profunda preocupación.
—Judith, escucha con atención. No tenemos mucho tiempo y tu vida corre un peligro inminente —susurró Delgado, sacando un sobre de su uniforme.
Judith lo miró con desconfianza, asustada por la gravedad de su tono de voz.
—¿De qué habla, sargento? ¿Es por la pelea con Berenice? —preguntó con un hilo de voz.
—Berenice no te atacó por casualidad. Tu exesposo, Hugo, ha pagado una fortuna a su familia para asegurarse de que no salgas viva de aquí antes del juicio de apelación —reveló el oficial, entregándole el sobre—. Aquí dentro están las pruebas de las transferencias bancarias y las comunicaciones. Te incriminó para quedarse con todo, y ahora quiere silenciarte para siempre.
El impacto de la revelación dejó a Judith sin aliento. Hugo, el hombre con el que había compartido su vida, era el monstruo que manejaba los hilos de su tormento. Delgado le explicó que Berenice planeaba provocar un motín en el pabellón a la mañana siguiente para asesinarla en medio del caos, contando con la complicidad del director del penal, quien miraría hacia otro lado a cambio de un jugoso soborno.
”Delgado le explicó que Berenice planeaba provocar un motín en el pabellón a la mañana siguiente para asesinarla en medio del caos, contan…