Traición · Ficción breve

Mi esposo me maltrató durante el embarazo, pero mi hermana comandante hizo justicia

Mi esposo me maltrató durante el embarazo, pero mi hermana comandante hizo justicia — Parte 1
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El aire en el salón de aquel piso madrileño se sentía denso, casi irrespirable. Emilia sostenía las bolsas de la compra con las manos temblorosas, sintiendo cómo cada paso que daba desde la entrada era una tortura física. El embarazo de de alto riesgo le pesaba en el cuerpo y en el alma. En el sofá, ajeno al sufrimiento de su esposa, David mantenía la mirada fija en la pantalla del televisor, con una indiferencia que dolía más que cualquier insulto.

Un desprecio imperdonable

Al entrar al salón, las fuerzas de Emilia fallaron por completo. Las bolsas de plástico resbalaron de sus dedos, esparciendo algunas frutas y verduras por la alfombra. Ella cayó de rodillas, sollozando de dolor y cansancio.

Mi esposo me maltrató durante el embarazo, pero mi hermana comandante hizo justicia
—¡No, por favor, no! —suplicó Emilia, apretando los dientes mientras una punzada insoportable le recorría el vientre.

David ni siquiera se inmutó. Con una frialdad matemática, se levantó del sofá, caminó hacia ella y, con un movimiento despectivo del pie, apartó las bolsas de la compra como si fueran basura. Sus ojos, antes llenos de falsas promesas de amor, ahora solo reflejaban un profundo fastidio.

—Ponte a trabajar. El embarazo no es una enfermedad —sentenció David con una voz carente de toda empatía.

Un grito desgarrador escapó de la garganta de Emilia al sentir un calor repentino mojar sus piernas. Su bolsa se había roto de forma prematura.

—¡Ah! ¡Me duele muchísimo! —gritó, retorciéndose sobre el suelo mientras el pánico se apoderaba de ella al ver el líquido derramado.

Fue en ese instante de absoluto desamparo cuando la puerta de la vivienda se abrió con violencia. La comandante Valeria García, hermana mayor de Emilia, irrumpió en la casa vistiendo su uniforme de faena del ejército de tierra. Al ver a su hermana menor sufriendo en el suelo y a David de pie mirándola con asco, la furia de la oficial estalló de inmediato.

—¡Imbécil! —rugió la comandante García.

Sin dudarlo un segundo, Valeria avanzó y lanzó un puñetazo devastador directo al rostro de David, enviándolo con violencia contra la pared de yeso, que se agrietó ante el brutal impacto.

—rugió la comandante García.Sin dudarlo un segundo, Valeria avanzó y lanzó un puñetazo devastador directo al rostro de David, enviándolo…