Traición · Historia

Mi esposo me maltrató embarazada y mi tía militar le dio su merecido

Mi esposo me maltrató embarazada y mi tía militar le dio su merecido — Parte 1
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El sol de la tarde se filtraba con generosidad a través del gran ventanal del salón madrileño, pintando de un dorado idílico lo que estaba a punto de convertirse en una pesadilla. Sonia, con ocho meses de un embarazo complicado a cuestas, empujó la puerta con la cadera, sosteniendo con dificultad dos pesadas bolsas de papel marrón llenas de alimentos. Cada paso le costaba un triunfo; sentía un pinchazo constante en la espalda y el peso de su vientre la obligaba a caminar despacio, buscando el aire que parecía faltarle.

En medio de la estancia, de pie y con una actitud gélida que contrastaba con la calidez de la tarde, se encontraba su esposo, Álvaro. Llevaba una sudadera verde oscuro que parecía acentuar la rigidez de sus hombros. No hizo el menor ademán de acercarse a ayudarla. Al contrario, sus ojos oscuros destilaron un desprecio que paralizó a Sonia en el acto.

Mi esposo me maltrató embarazada y mi tía militar le dio su merecido

—¿Se puede saber por qué has tardado tanto? —escupió Álvaro, con una frialdad que helaba la sangre—. ¿Es que no puedes hacer nada bien?

—Álvaro, por favor, casi no puedo respirar —suplicó ella, con la voz entrecortada—. Ayúdame con esto...

La respuesta de Álvaro fue brutal y desproporcionada. Con un movimiento rápido, le arrebató las bolsas de las manos y, acto seguido, le propinó una patada directa al costado. Sonia perdió el equilibrio de inmediato, cayendo pesadamente sobre el pulido suelo de madera. Las bolsas se rompieron, esparciendo las frutas y verduras a su alrededor.

¡No, por favor, no!

Sonia sollozó, encogiéndose para proteger su vientre con los brazos. Álvaro la miró desde su altura, sin un ápice de remordimiento.

Ponte a trabajar. El embarazo no es una enfermedad.

De pronto, un líquido cálido comenzó a empapar la camiseta de Sonia. El dolor se intensificó de una manera insoportable, desgarrándole las entrañas.

¡Me duele muchísimo!

Fue en ese instante de absoluta desesperación cuando la puerta principal se abrió de par en par. Beatriz, la tía de Sonia y respetada oficial del ejército español, entró en la vivienda. Al presenciar la escena, sus ojos se encendieron en un fuego justiciero. Sin mediar palabra, avanzó con paso firme hacia Álvaro.

¡Imbécil!

El grito de Beatriz retumbó en las paredes justo antes de lanzar un puñetazo devastador que envió a Álvaro directamente contra la pared, dejándolo aturdido en el suelo.

Sin mediar palabra, avanzó con paso firme hacia Álvaro.¡Imbécil!El grito de Beatriz retumbó en las paredes justo antes de lanzar un puñet…