Mi esposo me vio caer al vacío y mi rescatador reveló su traición
La caída al vacío
El viento rugía con una fuerza descomunal a cientos de metros sobre el azul profundo del mar de Alborán. Jimena, con su vestido premamá a rayas ondeando con violencia, se aferraba con fuerza al borde metálico de la cabina del helicóptero. A sus siete meses de embarazo, el vértigo era casi insoportable, pero su esposo, Marcos, la había convencido de que las vistas de la costa de Málaga desde las alturas serían un recuerdo inolvidable para su futuro hijo. Marcos, arrodillado justo detrás de ella con su camisa azul marino, mantenía una expresión tensa que Jimena atribuyó erróneamente al miedo a las alturas.
De repente, una ráfaga inesperada sacudió la aeronave. El pie de Jimena resbaló sobre la superficie metálica y, en un pestañeo, su cuerpo se deslizó hacia el abismo. El grito de terror quedó ahogado por el estruendo de las hélices. Desesperada, logró aferrarse al patín de aterrizaje con ambas manos, quedando suspendida en el aire, balanceándose sobre el vacío.

¡No! ¡No! ¡Marcos, ayúdame!
Arriba, Marcos se asomó al borde con los ojos desorbitados por el pánico. Su boca se abrió en un grito mudo antes de que el viento permitiera escuchar su voz.
¡Jimena! ¡Sujétate!
Él estiró el brazo con desesperación, pero la distancia era insalvable. Los dedos de Jimena, entumecidos por el frío y el pánico, comenzaron a resbalar por el metal liso del patín. La fuerza de la gravedad hizo el resto. Con un último grito desgarrador que cortó el aire, Jimena soltó el agarre y cayó en picado hacia la inmensidad del océano. Abajo, una lancha motora surcaba las olas a gran velocidad, ajena a la tragedia que caía del cielo. El impacto contra la superficie del agua fue brutal, sumiendo a Jimena en una oscuridad helada y silenciosa.
”El impacto contra la superficie del agua fue brutal, sumiendo a Jimena en una oscuridad helada y silenciosa.