Mi ex me acusó de ladrona frente a todos, pero cometió un terrible error
El opulento salón de baile del hotel de lujo estaba decorado con una extravagancia que rozaba lo obsceno. Decenas de candelabros de cristal colgaban del techo abovedado, bañando a los invitados de la alta sociedad con una luz dorada y cálida. El suelo de mármol pulido reflejaba las siluetas de hombres con esmóquines impecables y mujeres con vestidos de seda. Todo parecía perfecto, el escenario ideal para la boda del año entre el ambicioso Mateo y la rica heredera Clara. Pero detrás de la fachada de perfección, se escondía una red de mentiras y crueldad.
Elena contemplaba la escena oculta cerca de la entrada lateral, con el corazón la tiéndole con fuerza en el pecho. A su lado, su pequeña hija Sofía, vestida con un delicado traje de encaje blanco como dama de honor, temblaba de miedo. Mateo las descubrió casi de inmediato. Con una zancada rígida y los ojos encendidos de furia, se interpuso en su camino. Su mandíbula estaba tan apretada que parecía a punto de romperse.

Una confrontación despiadada
—¿Cómo te atreves a presentarte aquí? —siseó Mateo, con una voz cargada de veneno—. ¡Fuera de aquí! ¡Eso es lo que merecen los ladrones como tú!
La pequeña Sofía se llevó las manos a los oídos, tratando de bloquear los gritos de su padre. Elena dio un paso atrás, protegiendo a su hija con su propio cuerpo. La humillación era insoportable, especialmente cuando los murmullos de los invitados comenzaron a llenar el aire. Fue entonces cuando Gabriela, la madre de Elena, intervino con una elegancia imponente, vestida con un traje de lentejuelas doradas.
—Deja de arruinar su boda —intervino Clara, acercándose con una mirada altiva—. No queremos delincuentes aquí.
—Tú le tendiste una trampa a mi hija —declaró Gabriela, con una calma que desconcertó a Mateo—. Sabes perfectamente que Elena nunca robó esa joya.
Mateo soltó una carcajada fría y arrogante, acomodándose la pajarita negra.
—Pruébalo —desafió él con desdén—. No tienes nada. La policía ya tomó su decisión. Así que saca a tu hija de aquí antes de que la haga arrestar de nuevo. Y no te vuelvas a acercar a mi hija, Elena. Ella se queda conmigo.
Gabriela sonrió con una frialdad que hizo que la sonrisa de Mateo se desvaneciera. Dio un paso firme hacia adelante y lo miró fijamente a los ojos.
—Te olvidaste de una cosa, Mateo —dijo Gabriela en un tono que heló la sangre de los presentes—. No estabas solo en esto.
”Dio un paso firme hacia adelante y lo miró fijamente a los ojos.—Te olvidaste de una cosa, Mateo —dijo Gabriela en un tono que heló la sa…