Mi ex me envió a prisión, pero una guardia implacable descubrió su peor secreto
El frío del patio de Valdemoro
El cielo sobre el centro penitenciario de Valdemoro parecía una losa de plomo derretido. Para Sara, cada bocanada de aquel aire gélido sabía a ceniza y a injusticia. Solo tres semanas atrás, vestía trajes de marca y planificaba su boda con Julián. Ahora, llevaba un chándal gris desgastado y cargaba con una condena de ocho años por un delito fiscal que jamás había cometido. Su prometido la había utilizado como el chivo expiatorio perfecto para salvar su propio imperio financiero.
Aquel martes por la tarde, el patio de ejercicio estaba inusualmente tenso. Sara caminaba con la mirada baja, sosteniendo con fuerza su pequeña bolsa de aseo. De repente, un pie se interpuso en su camino. El tropiezo fue inevitable. Sara cayó con violencia sobre el hormigón rugoso, sintiendo cómo el impacto le robaba el aire de los pulmones. Su champú y su cepillo de dientes rodaron por el suelo sucio, deteniéndose a los pies de unas botas desgastadas.

Al levantar la vista, se topó con la figura imponente de Begoña, la reclusa más peligrosa del módulo. Con los brazos cruzados y una sonrisa cargada de malicia, Begoña la miraba desde arriba.
«Dame tus cosas, novata», siseó Begoña, buscando la sumisión de la recién llegada ante la mirada atenta de las demás presas.
Pero algo dentro de Sara se había roto definitivamente con aquella caída. Limpiándose con desprecio el hilo de sangre que brotaba de su labio partido, se puso en pie lentamente. Sus ojos reflejaban una furia fría y desesperada.
«Ven a quitármelas, zorra», escupió Sara, plantándole cara sin retroceder un solo milímetro.
La tensión estalló en el patio. Antes de que Begoña pudiera reaccionar, Celia, una de las guardias más temidas de la prisión, irrumpió con violencia. Con su chaleco táctico y una fuerza descomunal, Celia placó a Sara, arrastrándola hacia el pasillo de aislamiento mientras el patio quedaba sumido en un silencio sepulcral.
”Con su chaleco táctico y una fuerza descomunal, Celia placó a Sara, arrastrándola hacia el pasillo de aislamiento mientras el patio queda…