Traición · Ficción breve

Mi ex y su esposa intentaron destruirme, pero un extraño salvó a mi bebé

Mi ex y su esposa intentaron destruirme, pero un extraño salvó a mi bebé — Parte 1
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El dolor en el pasillo estéril

El hospital de San Juan respiraba una calma artificial, interrumpida únicamente por el zumbido constante de las luces LED del techo. Para Lucía, cada segundo se sentía como una eternidad de agonía. A sus veinticuatro años, vestida con una bata amarilla pálida y con su larga trenza rubia oscura desordenada, se encontraba sentada en el frío suelo de baldosas blancas. Las contracciones eran insoportables, pero el dolor físico no era nada comparado con el terror que sentía al ver la figura que se alzaba sobre ella.

Irene, la mujer que le había robado a su esposo y destrozado su vida, la miraba desde las alturas. Lucía recordaba perfectamente el día en que Hugo la abandonó, cegado por el dinero de la familia de Irene. Ahora, la elegante mujer, vestida con un costoso traje de fiesta morado oscuro y subida a unos tacones plateados que resonaban como golpes de martillo, descargó toda su furia contra la joven indefensa. Con un movimiento rápido y despiadado, Irene le propinó una patada en el costado.

Mi ex y su esposa intentaron destruirme, pero un extraño salvó a mi bebé
—¡Te lo mereces! —siseó Irene con una voz gélida, desprovista de cualquier rastro de humanidad.

Lucía se encogió sobre el suelo brillante, protegiendo desesperadamente su vientre con ambos brazos mientras las lágrimas nublaban su vista.

—¡Mi bebé! ¡Por favor, mi bebé! —gimió Lucía, sintiendo que el pánico paralizaba sus pulmones.

Antes de que Irene pudiera descargar otro golpe, la pesada puerta de madera de un consultorio cercano se abrió de golpe. Marcos, un apuesto abogado de veintinueve años que vestía un impecable traje negro, y Elena, una enfermera de guardia con uniforme verde oscuro, corrieron hacia la escena al escuchar los gritos.

—¡Para! ¿Qué estás haciendo? —bramó Marcos, interponiéndose de inmediato entre la agresora y la joven embarazada.

Mientras Marcos se arrodillaba con urgencia para sostener y consolar a Lucía, Elena usó su cuerpo para empujar a Irene hacia atrás, impidiendo que siguiera acercándose.

—¡Atrás, estamos ayudándola! —ordenó la enfermera con una autoridad incuestionable, bloqueando con firmeza a la fría atacante.

La tensión en el pasillo era palpable, marcando el inicio de una confrontación que cambiaría el destino de todos los involucrados.

—ordenó la enfermera con una autoridad incuestionable, bloqueando con firmeza a la fría atacante.La tensión en el pasillo era palpable, m…