Mi hermano regresó del pasado para salvarme del peor matón del instituto
Un encuentro inesperado bajo la tormenta
El cielo sobre el instituto San Fernando parecía presagiar la tormenta que estaba a punto de desatarse en mi vida. El asfalto del aparcamiento estaba húmedo, reflejando la luz grisácea de una tarde de octubre especialmente fría. Yo caminaba con prisa, intentando evitar cualquier contacto visual con el grupo que solía reunirse cerca de las escaleras principales. Desafortunadamente, la suerte no estaba de mi lado.
Surgiendo de la nada, Borja, el líder indiscutible de los matones del instituto, se interpuso en mi camino. Con su habitual chaqueta deportiva verde con el escudo bordado y esa sonrisa de superioridad que tanto detestaba, me dio un empujón seco en el hombro. El impacto me pilló desprevenida. Perdí el equilibrio y caí de rodillas sobre el suelo frío y mojado. Mis cuadernos y apuntes se desparramaron por el charco más cercano, arruinando semanas de esfuerzo.

«A ver si miras por dónde vas, huérfana», se burló Borja, rodeado por sus secuaces que no tardaron en reírse de mi desgracia.
Sentí que las lágrimas de humillación me nublaban la vista mientras me apresuraba a recoger las hojas empapadas. Nadie se movía para ayudarme; en ese lugar, el miedo al grupo de Borja era una ley no escrita. Pero justo cuando Borja se disponía a patear uno de mis libros de texto, una sombra alta se proyectó sobre nosotros. Un hombre con barba de tres días, vestido con un cortavientos oscuro y un gorro de lana negro, dio un paso al frente interponiéndose entre el agresor y yo.
La atmósfera se volvió densa al instante. El desconocido clavó sus ojos en Borja con una intensidad que hizo que el matón diera un paso atrás por puro instinto defensivo. César, el recién llegado, mantuvo una postura firme y desafiante, sin mostrar el más mínimo temor ante el grupo de jóvenes.
«¿Te crees muy duro? Métete con alguien que pueda plantarte cara», pronunció César con una voz grave y serena que resonó con autoridad en todo el aparcamiento.
Borja apretó los dientes, su rostro enrojeciendo de rabia contenida al verse desafiado frente a todos sus amigos.
”Métete con alguien que pueda plantarte cara», pronunció César con una voz grave y serena que resonó con autoridad en todo el aparcamiento…