Segundas oportunidades · Ficción breve

Mi hermano regresó del pasado para salvarme del peor matón del instituto

Mi hermano regresó del pasado para salvarme del peor matón del instituto — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Borja, el matón del instituto, tiró mis libros al suelo y comenzó a humillarme, no esperaba que un misterioso hombre con gorro negro interviniera. Lo que nadie sabía era la identidad de mi salvador.

El secreto detrás de la mirada

El silencio que siguió a las palabras de César fue sepulcral. Borja, acobardado pero orgulloso, retrocedió lentamente mientras mascullaba amenazas inaudibles. El desconocido se agachó con suavidad y me ayudó a ponerme en pie, entregándome el último de mis cuadernos salvados del agua. Fue en ese momento, al mirar de cerca sus ojos grises y cansados, cuando sentí un vuelco en el corazón. Aquella mirada no era la de un extraño. Era idéntica a la del hermano mayor que mi madre me había asegurado que falleció en un trágico accidente hacía una década.

«¿César? No puede ser... Mamá me dijo que habías muerto», susurré con la voz rota por la incredulidad.

Él me miró con una mezcla de dolor y ternura, tomándome de la mano para guiarme rápidamente hacia su viejo coche aparcado en la salida. Una vez dentro, con las puertas cerradas frente a la llovizna que empezaba a caer, César me reveló la dolorosa verdad que mi madre me había ocultado durante tanto tiempo para protegerme.

Mi hermano regresó del pasado para salvarme del peor matón del instituto

Nuestro padre no se había marchado por su cuenta; había sido víctima de una estafa monumental perpetrada por don Julián, el padre de Borja y el hombre más influyente y peligroso de la ciudad. César, al intentar defender a nuestro padre en su juventud, fue amenazado de muerte y obligado a huir del país, fingiendo su propio fallecimiento con la complicidad de nuestra madre para mantenernos a salvo del implacable empresario.

Pero la tranquilidad del reencuentro duró apenas unos segundos. Antes de que César pudiera encender el motor, dos berlinas negras nos bloquearon el paso por completo. De una de ellas descendió el mismísimo don Julián, acompañado por dos guardaespaldas de aspecto amenazante. Al verlos, el pánico se apoderó de mí. Mi hermano me miró fijamente, con una seriedad que me heló la sangre.

«Pase lo que pase, Claudia, quédate en el coche y no abras las puertas bajo ninguna circunstancia», me ordenó con firmeza antes de salir al encuentro de su peor enemigo.

Mi hermano me miró fijamente, con una seriedad que me heló la sangre.«Pase lo que pase, Claudia, quédate en el coche y no abras las puert…