Traición · Ficción breve

Mi mejor amiga me incriminó y ahora el destino nos reúne tras las rejas

Mi mejor amiga me incriminó y ahora el destino nos reúne tras las rejas — Parte 1
Imagen del vídeo original

El reencuentro bajo el sol del patio

El sol de justicia de la tarde madrileña caía implacable sobre el hormigón del patio de la prisión de Soto del Real. Para Sara, ese calor no era un castigo, sino un recordatorio de que seguía viva. Llevaba tres años vistiendo el chándal gris reglamentario, tres años desde que su vida se desmoronó debido a una traición que aún le quemaba en el pecho. Se había convertido en una mujer de pocas palabras y músculos de acero, moldeada por la rutina del gimnasio del patio y la necesidad de autodefensa.

De repente, el murmullo habitual de las reclusas se extinguió. Por la puerta de acceso al módulo de ingresos apareció una silueta dolorosamente familiar. Era Begoña, su antigua mejor amiga, la mujer que se había quedado con su puesto en la consultora y con su prometido tras incriminarla en un desfalco de fondos que Sara jamás cometió. Vestida con una camiseta de tirantes gris y pantalones azules, Begoña caminaba con una arrogancia que no encajaba en aquel lugar hostil.

Mi mejor amiga me incriminó y ahora el destino nos reúne tras las rejas
«Vaya, vaya. Miren a quién tenemos aquí. La gran Sara, reducida a esto» —provocó Begoña, deteniéndose a escasos metros de ella.

Sara no respondió. Mantuvo su postura atlética, con los pies firmes sobre el hormigón. La tensión se palpaba en el aire. Sin previo aviso, Begoña se abalanzó sobre ella lanzando un puñetazo cargado de rabia. Con un reflejo felino, Sara bloqueó el impacto. Begoña, frustrada, lanzó un segundo golpe salvaje, pero Sara lo desvió con elegancia y contraatacó con un golpe seco en el esternón que dejó a su rival sin aire.

Desesperada, Begoña intentó una patada baja. Sara la esquivó con un salto rápido y, aprovechando la inercia del movimiento de su oponente, lanzó una patada giratoria que impactó de lleno en el costado de Begoña, enviándola directamente al suelo de hormigón ante la mirada atónita de las demás reclusas.

Sara la esquivó con un salto rápido y, aprovechando la inercia del movimiento de su oponente, lanzó una patada giratoria que impactó de l…