Mi mejor amiga me salvó de mi ex, pero luego descubrí su secreto
El reflejo del miedo
El bullicio navideño del centro comercial de Madrid parecía flotar en una burbuja ajena a mi propia angustia. Las guirnaldas doradas y las luces cálidas que colgaban del techo creaban una atmósfera de ensueño, pero para mí, todo se reducía a una sensación inminente de peligro. Sentía una mirada clavada en mi nuca desde hacía varios minutos, un escalofrío que conocía demasiado bien y que esperaba haber dejado atrás en mi antigua vida.
Antes de que pudiera reaccionar y perderme entre la multitud de compradores apresurados, una mano firme y despiadada me aferró del brazo. El dolor fue instantáneo. Me arrastró con brusquedad hacia una de las columnas estructurales revestidas de espejos, aislándome del flujo de la gente. Era Mateo. Su rostro, enmarcado por su habitual chaqueta de cuero negro, reflejaba una obsesión peligrosa.

—¿De verdad pensaste que podías esconderte de mí, Lorena? Madrid no es tan grande —me siseó al oído, aprisionándome con fuerza contra el cristal frío.
El pánico me paralizó por completo. Las lágrimas comenzaron a nublar mi vista mientras miraba a mi alrededor, desesperada por una ayuda que parecía no llegar. Sin embargo, el destino tenía otros planes. De la nada, una silueta con un plumífero azul irrumpió en la escena con una determinación feroz. Era Melisa, mi compañera de piso.
—¡Eh! ¡Suéltala ahora mismo! —gritó Melisa con una furia implacable.
Sin dudarlo un segundo, Melisa agarró a Mateo por el hombro, tirando de él hacia atrás con una fuerza sorprendente. Con un movimiento ágil y preciso, le propinó una patada que lo derribó, haciéndolo caer pesadamente al suelo. Yo me quedé temblando contra el espejo, tocándome la cara con incredulidad, mientras Mateo gemía de dolor en el suelo. En ese momento, el oficial de seguridad Hernández corrió hacia nosotros, con su uniforme oscuro y una expresión de absoluto asombro.
—¡Eh! ¡Espera! ¿Qué está pasando aquí? —exclamó el guardia de seguridad, tratando de contener la caótica situación mientras los compradores se detenían a observar el drama.
”—exclamó el guardia de seguridad, tratando de contener la caótica situación mientras los compradores se detenían a observar el drama.