Mi padrastro me tiró de mi silla de ruedas sin saber quién me protegía
Anteriormente: Mateo, un veterano de guerra, es humillado por su codicioso padrastro Carlos en alta mar. Lo que Carlos no sabe es que un oficial de la ley vigila cada uno de sus movimientos.
La risa del traidor
Javier se apresuró a levantar a Mateo del suelo, asegurándose de que su amigo de armas no hubiera sufrido daños graves. Mientras tanto, Helena sollozaba abrazada a su hijo, temblando por el impacto emocional de la escena. Sin embargo, la calma duró poco. Desde el costado del yate, una mano húmeda se aferró con fuerza a la barandilla de metal.
Carlos, empapado y temblando de frío, logró trepar por la escalera de popa. Al llegar a la cubierta, lejos de mostrar miedo o arrepentimiento, comenzó a reír de manera histérica. La locura brillaba en sus ojos mientras escupía agua salada sobre la madera barnizada.

"¿Creen que han ganado? ¡Son unos estúpidos ignorantes!", gritó Carlos, señalando a Javier con un dedo acusador. "He falsificado tu firma digital anoche con la ayuda de mi notario. Los fondos de tu pensión y el terreno ya están transferidos a una cuenta blindada en las Bahamas."
Helena palideció, tapándose la boca con horror. El plan de Carlos había sido ejecutado con una precisión quirúrgica antes de poner un pie en la embarcación. Pero el villano no se detuvo ahí. Con una mueca de superioridad, miró al oficial de policía.
"Y tú, oficial de pacotilla... mira el GPS. Estamos a quince millas de la costa. Estamos en aguas internacionales. No tienes ninguna jurisdicción aquí para arrestarme. Si me tocas de nuevo, os demandaré por intento de homicidio", amenazó Carlos con prepotencia.
La revelación cayó como un balde de agua fría sobre Helena, quien se desplomó de rodillas en la cubierta, creyendo que la codicia de su esposo los había destruido por completo. Carlos se acercó arrogantemente a la silla de ruedas, exigiendo las llaves. Javier permanecía inmóvil, con la mirada oculta tras sus gafas de sol, pareciendo asimilar la derrota frente a las leyes marítimas.
”Javier permanecía inmóvil, con la mirada oculta tras sus gafas de sol, pareciendo asimilar la derrota frente a las leyes marítimas.