Traición · Historia

Mi pareja me atacó embarazada, pero mi tía militar descubrió su oscuro secreto

Mi pareja me atacó embarazada, pero mi tía militar descubrió su oscuro secreto — Parte 1
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Una traición en el salón de casa

El silencio en el piso de la calle Fuencarral era espeso, casi asfixiante. Ainhoa empujó la puerta con el hombro, sosteniendo con dificultad dos pesadas bolsas de la compra. Cada paso era un calvario; el dolor punzante en su vientre bajo le recordaba la advertencia del ginecólogo sobre su embarazo de alto riesgo. Sin embargo, en el salón la esperaba una tormenta mucho más peligrosa que cualquier esfuerzo físico.

Leandro la observaba desde el sofá con una frialdad gélida, con los brazos cruzados sobre su sudadera gris. No hubo un saludo, ni un gesto de ayuda. Solo una mirada cargada de un desprecio inexplicable que hacía meses había sustituido al amor que alguna vez prometió.

Mi pareja me atacó embarazada, pero mi tía militar descubrió su oscuro secreto
—¿Has tardado tanto solo para dar lástima? La casa es un desastre y tú sigues perdiendo el tiempo —espetó Leandro, levantándose con lentitud.

Ainhoa, con lágrimas acumulándose en sus ojos, intentó defenderse mientras dejaba las bolsas en el suelo. Su voz temblaba, no de rabia, sino de un miedo profundo por la vida que crecía en su interior.

—Por favor, Leandro, el médico me ha dicho que debo guardar reposo absoluto. Apenas puedo mantenerme en pie, me duele mucho... —suplicó, buscando un ápice de humanidad en los ojos de su pareja.

Pero la respuesta de Leandro fue una muestra de crueldad desmedida. Con un movimiento rápido y despiadado, lanzó una patada directa que impactó en el costado de Ainhoa, derribándola al instante sobre el parqué. Las verduras y los envases se desparramaron a su alrededor mientras ella se encogía, sollozando de dolor y protegiendo desesperadamente su vientre con los brazos.

—¡No, por favor, no! —gimió Ainhoa, ahogada en lágrimas.
—Ponte a trabajar. El embarazo no es una enfermedad —respondió él, mirándola desde arriba con absoluta indiferencia.

El sufrimiento físico era insoportable. Ainhoa se retorcía en el suelo, sintiendo que su mundo se desmoronaba. Fue en ese instante de absoluta vulnerabilidad cuando la puerta de entrada se abrió de golpe. Rut, la tía de Ainhoa y sargento de la Armada, entró como un torbellino de justicia. Al ver a su sobrina en el suelo y a Leandro impasible, su rostro se transfiguró en pura furia militar.

—¡Imbécil! —rugió Rut.

Antes de que el agresor pudiera reaccionar, Rut cruzó la distancia que los separaba y le propinó un puñetazo devastador que lo lanzó de cabeza contra el tabique del salón, agrietando el yeso y dejándolo fuera de combate.

—rugió Rut.Antes de que el agresor pudiera reaccionar, Rut cruzó la distancia que los separaba y le propinó un puñetazo devastador que lo…